Trabajamos igual pero no es lo mismo
Julián Denaro
.Un análisis desde la economía política de la clase obrera en Argentina


Enojados contra la política que no cesa de decepcionar, se instala una frase que repite, sin pensar, lo siguiente: “a mí no me interesa la política porque tengo que trabajar igual”. Pero justamente allí es donde está la clave de la cuestión: uno trabaja igual, de lo mismo, las mismas horas y con el mismo rendimiento, el mismo compromiso y el mismo amor, pero hay cosas que difieren significativamente según el rumbo político. ¿Por qué si trabajás lo mismo, antes eras clase media y ahora sos pobre? ¿Por qué si trabajás lo mismo, antes te alcanzaba y ahora tenés que endeudarte?

Sucede que no es lo mismo que el país lo manejen dirigentes del campo nacional y popular, que pretenden mejorar la distribución de los ingresos y la participación de la masa salarial en el producto global, o que sea comandado por empleados de las corporaciones que sólo buscan hacer negocios aumentando la velocidad de enriquecimiento de sus capitales financieros succionando esos recursos del conjunto del pueblo.

Se impone recordar las palabras de Perón, quien sentenció que la economía nunca fue libre y nunca lo será, ya que es siempre dirigida. O la dirige el Estado para conseguir la grandeza de la Nación y la felicidad del pueblo, o la dirigen los consorcios trasnacionales financieros para destruir a las naciones y esclavizar a los pueblos, consiguiendo la desdicha de sus habitantes.

Antes de avanzar sobre una exposición de la evolución histórica de aspectos que dan cuenta de lo que acontece con el bienestar o malestar de la población según sea el país gobernado por representantes que obedecen al interés del pueblo o a empleados de las corporaciones insertados en el manejo del Estado a través del engaño ejecutado a través de la prensa, los operadores de las redes y diversos mecanismos de manipulación, atendamos a la evolución del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS).

El FGS es un fondo de inversión manejado por el ANSES – Administración Nacional de la Seguridad Social – constituido para garantizar el pago de jubilaciones y pensiones aún frente a eventuales crisis económicas y sociales. Se convierte en una herramienta contracíclica para disminuir los padecimientos de los sectores más vulnerables, funcionando como resguardo y ahorro de los jubilados del país.

El FGS fue creado en 2008 durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner alcanzando un valor cercano a los 24.000 millones de dólares. Al culminar su gobierno, en noviembre de 2015, el valor del FGS trepó a los 66.000 millones de dólares, mientras los jubilados recibían los medicamentos gratuitos y el PAMI, su obra social, había crecido en estructura incorporando nuevos hospitales y asimismo mejorando su calidad y eficiencia gracias a una importante inversión en el sistema de Salud Pública. Por cierto, las jubilaciones eran las más altas de Latinoamérica, tanto medidas en dólares como en términos de su poder adquisitivo. La jubilación mínima era cercana a los $4.500, equivaliendo a 450 dólares, que permitía cubrir el 72% de una canasta básica de $6.200 aclarando que la canasta básica es lo que necesita una familia de 4 integrantes para vivir con todo lo necesario: alimentación, vestimenta, limpieza y cuidado del hogar, vacaciones, deporte y esparcimiento, además de poder arreglar el calefón si se rompe.

A continuación, el gobierno de Macri le quitó los medicamentos gratuitos a los jubilados, desfinanció el PAMI y redujo el FGS a 35.000 millones de dólares, prácticamente la mitad, que fue entregado al enriquecimiento del sistema financiero y los sectores concentrados de la economía. Al mismo tiempo, las jubilaciones se redujeron a menos de la mitad en términos de poder adquisitivo. En noviembre de 2019, las jubilaciones mínimas eran de $13.000, equivaliendo tan sólo a 220 dólares y alcanzando apenas el 33% de una canasta básica de $ 39.000.

Lo continuó el gobierno de Alberto Fernández, que devolvió los medicamentos gratuitos, recuperó el PAMI, reconstituyó el FGS hasta un valor de 76.000 millones de dólares y reparó el poder adquisitivo de los jubilados hasta más del 50% de la canasta básica. En noviembre de 2023, la jubilación mínima ascendía a 160.000 pesos, equivaliendo a 450 dólares y cubriendo el 53% de una canasta básica de $300.000. Además, el costo de los servicios volvió a alivianarse en comparación con los tarifazos del gobierno de Macri.

El gobierno de Milei volvió a quitarles los medicamentos gratuitos, desfinanció el PAMI, incrementó el peso de las tarifas y disminuyó el poder adquisitivo de los ingresos. En septiembre de 2026, las jubilaciones mínimas están en un monto de $500.000, equivaliendo a 330 dólares y alcanzando tan sólo el 27% de una canasta básica de $1.800.000.

Como se ve hasta aquí, no es lo mismo, pero además algo muy grave está ocurriendo ahora: el gobierno de Milei está por utilizar el FGS para financiarle a los bancos los préstamos a los negocios inmobiliarios. El presidente y el ministro de economía dicen que la medida es para reactivar la actividad, pero sólo servirá para la especulación inmobiliaria que favorece a los más ricos, ya que las condiciones crediticas implican la posesión del 25% del valor de la propiedad y demostrar ingresos superiores a los 3 millones de pesos por mes, algo que no se vincula al pueblo común sino a los sectores más ricos.

Por si fuera poco, la salud pública se encuentra colapsada. Además de la desfinanciación, que implica menor capacidad de atención, la demanda aumenta, ya que buena parte de la clase media que se pagaba su prepaga, tuvo que dejar de hacerlo al sufrir la más trágica reducción de los ingresos de toda la historia de la humanidad. Entonces, más gente necesita de una atención pública que funciona cada vez peor.

Entonces, no es todo lo mismo

Para completar esta exposición, que convoca a una activación del pensamiento crítico que movilice el compromiso para participar en la política, con vistas a evitar el robo de los recursos del conjunto del pueblo por parte de las corporaciones dominantes, se muestra la evolución del coeficiente de Gini, que hará muy elocuentes algunas conclusiones. Este mide la igualdad o desigualdad en la distribución de los ingresos, siendo la igualdad total 0 y la desigualdad absoluta 1. El análisis comienza en 1975, con un valor de 0,35. A continuación, la dictadura lo eleva a 0,40 hacia 1983. El gobierno de Alfonsín lo elevó a 0,46 hacia 1989. El gobierno de Menem lo hizo ascender hasta 0,50 para 1999. La sucesión de los gobiernos de De La Rúa y Duhalde lo alzaron a 0,55 para 2002 y aquí comienza un período nacional y popular, el gobierno de Néstor Kirchner lo disminuye a 0,48 para el 2007 y el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner lo baja a 0,41 desde 2011 hasta el 2015. Otra vez un gobierno de derecha con Macri de presidente lo sube a 0,44 para 2019, luego la pandemia lo asciende a 0,45 para 2020 y otra vez un gobierno nacional y popular, de la mano de la presidencia de Alberto Fernández, consigue reducirlo hasta 0,41. Y otra vez la derecha, esta vez a través de Milei, lo vuelve a elevar hasta 0,44.

Queda a la vista, que no es todo igual, aunque el despertador suene todos los días a la misma hora.

Enojados contra la política que no cesa de decepcionar, se instala una frase que repite, sin pensar, lo siguiente: “a mí no me interesa la política porque tengo que trabajar igual”. Pero justamente allí es donde está la clave de la cuestión: uno trabaja igual, de lo mismo, las mismas horas y con el mismo rendimiento, el mismo compromiso y el mismo amor, pero hay cosas que difieren significativamente según el rumbo político. ¿Por qué si trabajás lo mismo, antes eras clase media y ahora sos pobre? ¿Por qué si trabajás lo mismo, antes te alcanzaba y ahora tenés que endeudarte?

Sucede que no es lo mismo que el país lo manejen dirigentes del campo nacional y popular, que pretenden mejorar la distribución de los ingresos y la participación de la masa salarial en el producto global, o que sea comandado por empleados de las corporaciones que sólo buscan hacer negocios aumentando la velocidad de enriquecimiento de sus capitales financieros succionando esos recursos del conjunto del pueblo.

Se impone recordar las palabras de Perón, quien sentenció que la economía nunca fue libre y nunca lo será, ya que es siempre dirigida. O la dirige el Estado para conseguir la grandeza de la Nación y la felicidad del pueblo, o la dirigen los consorcios trasnacionales financieros para destruir a las naciones y esclavizar a los pueblos, consiguiendo la desdicha de sus habitantes.

Antes de avanzar sobre una exposición de la evolución histórica de aspectos que dan cuenta de lo que acontece con el bienestar o malestar de la población según sea el país gobernado por representantes que obedecen al interés del pueblo o a empleados de las corporaciones insertados en el manejo del Estado a través del engaño ejecutado a través de la prensa, los operadores de las redes y diversos mecanismos de manipulación, atendamos a la evolución del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS).

El FGS es un fondo de inversión manejado por el ANSES – Administración Nacional de la Seguridad Social – constituido para garantizar el pago de jubilaciones y pensiones aún frente a eventuales crisis económicas y sociales. Se convierte en una herramienta contracíclica para disminuir los padecimientos de los sectores más vulnerables, funcionando como resguardo y ahorro de los jubilados del país.

El FGS fue creado en 2008 durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner alcanzando un valor cercano a los 24.000 millones de dólares. Al culminar su gobierno, en noviembre de 2015, el valor del FGS trepó a los 66.000 millones de dólares, mientras los jubilados recibían los medicamentos gratuitos y el PAMI, su obra social, había crecido en estructura incorporando nuevos hospitales y asimismo mejorando su calidad y eficiencia gracias a una importante inversión en el sistema de Salud Pública. Por cierto, las jubilaciones eran las más altas de Latinoamérica, tanto medidas en dólares como en términos de su poder adquisitivo. La jubilación mínima era cercana a los $4.500, equivaliendo a 450 dólares, que permitía cubrir el 72% de una canasta básica de $6.200 aclarando que la canasta básica es lo que necesita una familia de 4 integrantes para vivir con todo lo necesario: alimentación, vestimenta, limpieza y cuidado del hogar, vacaciones, deporte y esparcimiento, además de poder arreglar el calefón si se rompe.

A continuación, el gobierno de Macri le quitó los medicamentos gratuitos a los jubilados, desfinanció el PAMI y redujo el FGS a 35.000 millones de dólares, prácticamente la mitad, que fue entregado al enriquecimiento del sistema financiero y los sectores concentrados de la economía. Al mismo tiempo, las jubilaciones se redujeron a menos de la mitad en términos de poder adquisitivo. En noviembre de 2019, las jubilaciones mínimas eran de $13.000, equivaliendo tan sólo a 220 dólares y alcanzando apenas el 33% de una canasta básica de $ 39.000.

Lo continuó el gobierno de Alberto Fernández, que devolvió los medicamentos gratuitos, recuperó el PAMI, reconstituyó el FGS hasta un valor de 76.000 millones de dólares y reparó el poder adquisitivo de los jubilados hasta más del 50% de la canasta básica. En noviembre de 2023, la jubilación mínima ascendía a 160.000 pesos, equivaliendo a 450 dólares y cubriendo el 53% de una canasta básica de $300.000. Además, el costo de los servicios volvió a alivianarse en comparación con los tarifazos del gobierno de Macri.

El gobierno de Milei volvió a quitarles los medicamentos gratuitos, desfinanció el PAMI, incrementó el peso de las tarifas y disminuyó el poder adquisitivo de los ingresos. En septiembre de 2026, las jubilaciones mínimas están en un monto de $500.000, equivaliendo a 330 dólares y alcanzando tan sólo el 27% de una canasta básica de $1.800.000.

Como se ve hasta aquí, no es lo mismo, pero además algo muy grave está ocurriendo ahora: el gobierno de Milei está por utilizar el FGS para financiarle a los bancos los préstamos a los negocios inmobiliarios. El presidente y el ministro de economía dicen que la medida es para reactivar la actividad, pero sólo servirá para la especulación inmobiliaria que favorece a los más ricos, ya que las condiciones crediticas implican la posesión del 25% del valor de la propiedad y demostrar ingresos superiores a los 3 millones de pesos por mes, algo que no se vincula al pueblo común sino a los sectores más ricos.

Por si fuera poco, la salud pública se encuentra colapsada. Además de la desfinanciación, que implica menor capacidad de atención, la demanda aumenta, ya que buena parte de la clase media que se pagaba su prepaga, tuvo que dejar de hacerlo al sufrir la más trágica reducción de los ingresos de toda la historia de la humanidad. Entonces, más gente necesita de una atención pública que funciona cada vez peor.

Entonces, no es todo lo mismo

Para completar esta exposición, que convoca a una activación del pensamiento crítico que movilice el compromiso para participar en la política, con vistas a evitar el robo de los recursos del conjunto del pueblo por parte de las corporaciones dominantes, se muestra la evolución del coeficiente de Gini, que hará muy elocuentes algunas conclusiones. Este mide la igualdad o desigualdad en la distribución de los ingresos, siendo la igualdad total 0 y la desigualdad absoluta 1. El análisis comienza en 1975, con un valor de 0,35. A continuación, la dictadura lo eleva a 0,40 hacia 1983. El gobierno de Alfonsín lo elevó a 0,46 hacia 1989. El gobierno de Menem lo hizo ascender hasta 0,50 para 1999. La sucesión de los gobiernos de De La Rúa y Duhalde lo alzaron a 0,55 para 2002 y aquí comienza un período nacional y popular, el gobierno de Néstor Kirchner lo disminuye a 0,48 para el 2007 y el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner lo baja a 0,41 desde 2011 hasta el 2015. Otra vez un gobierno de derecha con Macri de presidente lo sube a 0,44 para 2019, luego la pandemia lo asciende a 0,45 para 2020 y otra vez un gobierno nacional y popular, de la mano de la presidencia de Alberto Fernández, consigue reducirlo hasta 0,41. Y otra vez la derecha, esta vez a través de Milei, lo vuelve a elevar hasta 0,44.

Queda a la vista, que no es todo igual, aunque el despertador suene todos los días a la misma hora.


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