

Vivimos un período de incertidumbres. El declive de las democracias liberales en Occidente, los cambios climáticos antropogénicos, la mayor concentración de la riqueza a nivel global, así como la reestructuración productiva de la industria armamentística, ilustran un escenario crítico, en el que las disputas por el poder se intensifican. En este contexto, el término soberanía reaparece en los repertorios de lucha, en los discursos gubernamentales y en el debate público en su conjunto. Aunque se trata de un término antiguo y fundamental para el sistema político moderno, adopta nuevas formas, incluso a través de controversias en torno a sus significados.
Recién en el siglo XVI el término soberanía fue acuñado y adquirió gran influencia en las teorías contractualistas que se desarrollaron a partir de la revolución científica en curso y que, consecuentemente, desembocaron en la formación de los Estados nacionales modernos. Sin embargo, aunque surge recién en la modernidad, su significado está fuertemente presente en otros períodos históricos debido a la legitimidad del poder político en cada organización social específica. En el caso de la antigua Grecia, por ejemplo, los mitos formaban parte de una educación política orientada a asegurar el gobierno de la monarquía de Zeus, que buscaba utilizar la astucia (y no la fuerza pura o la coerción) para garantizar su soberanía (Détienne; Vernant, 2008).
La soberanía es uno de los pilares conceptuales fundamentales del Estado nacional moderno. Explica la legitimación del poder político como aquel que ejerce el mando sobre una sociedad política, pero que lo garantiza a través del derecho mediante una racionalización jurídica del uso de la fuerza (Bobbio; Matteucci; Pasquino, 1998).
En este sentido, al expresar la forma política, el término soberanía es polisémico y paradójico, pues debe dar cuenta simultáneamente del poder absoluto y de la libertad política: el orden mediante la subordinación y la libertad mediante la autonomía, además de cargar con sentidos teológicos y producir una jerarquía interna y una anarquía externa en contraste con las democracias (Brown, 2010). Wendy Brown (2019) afirma que, actualmente, el declive de la soberanía forma parte del vaciamiento de las democracias por una racionalidad neoliberal, que alimenta a la extrema derecha (o al populismo autoritario).
Con el avance de la extrema derecha en Occidente, la guerra arancelaria estadounidense y la transición energética, el actual escenario político internacional está atravesado por grandes tensiones, tendencias y transformaciones. La política internacional captura cada vez más las agendas subnacionales, sobre todo a través de las interferencias en los procesos democráticos, ya sea de forma directa o indirecta. El caso de América Latina es particularmente grave, como resulta evidente en Brasil en la disputa presidencial de 2026, pero también en las disputas políticas en Venezuela, Cuba, Colombia, Bolivia, Ecuador, entre otros países latinoamericanos.
Brasil es un territorio extenso que ofrece tanto los materiales necesarios para las industrias tecnológicas como los recursos energéticos y de infraestructura para el sector económico digital. Con una capacidad privilegiada, el territorio brasileño es objeto de interés por parte de intereses extractivistas, depredadores y usurpadores. La política internacional estadounidense durante el segundo mandato de Donald Trump se ha caracterizado por una guerra arancelaria que presiona a los gobiernos latinoamericanos para atender los intereses económicos imperialistas y reproducir la agenda ideológica del MAGA. Ya sea mediante el abaratamiento de la compra de litio boliviano y la adquisición de territorios argentinos con tierras raras, o también mediante la difusión de consignas como el fin del voto femenino y el negacionismo climático, la influencia estadounidense en la política interna latinoamericana se ha intensificado visiblemente.
Según Cerioli y Marques (2026), la aplicación de aranceles a productos brasileños por parte de Estados Unidos contribuyó a la construcción de la “identidad” del tercer gobierno de Lula en 2025. En respuesta, el gobierno de Lula desarrolló una estrategia comunicacional basada en la defensa de la idea de soberanía, organizada en torno a frases como “Brasil soberano”. Sin embargo, lo que podría haber sido un factor distintivo del candidato a la reelección pasó a ser objeto de disputa entre los candidatos mejor posicionados para el cargo: Lula da Silva (Partido de los Trabajadores), candidato a la reelección, y Flávio Bolsonaro (Partido Liberal), senador, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y principal oponente de Lula en los comicios.
A partir del método mixto (cualicuantitativo), la propuesta de este artículo es comparar el uso del término soberanía en las dos principales campañas electorales para la Presidencia de Brasil, las de Lula y Bolsonaro, sobre todo debido al contraste entre, por un lado, el alineamiento bolsonarista con los intereses estadounidenses y, por otro, la disidencia antagónica del lulismo. El análisis de diferentes materiales de campaña electoral de ambos candidatos permite sostener la idea de que la soberanía constituye un eje central en las elecciones presidenciales brasileñas de 2026. Se consideraron los siguientes materiales de campaña de cada uno de los dos candidatos: el documento que sintetiza las propuestas de gobierno y las piezas de propaganda electoral gratuita y obligatoria emitidas por televisión y radio. Además, se elaboró el ranking de las diez publicaciones con mayor nivel de interacción del perfil de cada candidato en Instagram entre el 1 y el 23 de septiembre de 2026.En relación con las propuestas de gobierno, ambos cuentan con una sección sobre el tema, vinculada al apartado de política exterior. La diferencia se observa en el volumen de menciones a lo largo de las propuestas: Lula menciona “soberanía” y términos relacionados tres veces más que su opositor. Por otro lado, Flávio Bolsonaro invierte esta “ventaja” en las propagandas electorales emitidas por televisión. En las piezas difundidas entre fines de agosto y fines de septiembre de 2026, el opositor hace más menciones a la soberanía que Lula, relacionando el tema principalmente con la agenda de seguridad pública, con un contenido crítico hacia el actual gobierno. En Instagram, el noveno contenido con mayor cantidad de interacciones totales en el perfil de Lula menciona el término “soberano”, a diferencia de Flávio Bolsonaro, quien no presenta ninguna mención al término “soberanía” y sus derivados entre sus publicaciones con mayor nivel de interacción en la red social de Meta durante el período analizado. Sin embargo, el décimo contenido con mayor nivel de interacción es una de sus propagandas electorales para televisión y radio, en la cual menciona la “soberanía”.
De esta manera, si inicialmente el uso de “soberanía” por parte de Lula estaba relacionado con la política exterior, en un tono de contraposición a Estados Unidos y con foco en el posicionamiento geopolítico, no puede decirse lo mismo de Flávio Bolsonaro, quien desplaza el uso del término hacia el tema en el que considera que el actual presidente tiene la peor evaluación: la seguridad pública. Por lo tanto, la dinámica evidencia menos una disputa en torno a los significados de la soberanía y más un uso estratégico del concepto para, por un lado, mantener la buena posición construida en el contexto de los aranceles y, por otro, disputar a partir del mismo “vocabulario” de su oponente.
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Vivimos un período de incertidumbres. El declive de las democracias liberales en Occidente, los cambios climáticos antropogénicos, la mayor concentración de la riqueza a nivel global, así como la reestructuración productiva de la industria armamentística, ilustran un escenario crítico, en el que las disputas por el poder se intensifican. En este contexto, el término soberanía reaparece en los repertorios de lucha, en los discursos gubernamentales y en el debate público en su conjunto. Aunque se trata de un término antiguo y fundamental para el sistema político moderno, adopta nuevas formas, incluso a través de controversias en torno a sus significados. |
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