La extrema derecha brasileña. Su fauna, y la normalización de sus valores
Guilherme Simões Reis
... la apuesta de Lula para reelegirse pasa por atraer electores conservadores que aprecian políticas sociales y la mejor situación económica del país, pero también son suscetibles a determinadas agendas típicas de la derecha ...


Cuando el ex presidente Jair Bolsonaro fue condenado por el intento de golpe de Estado, dos posibilidades parecían plausibles para la derecha y el anti-petismo (posición ideológica contra Lula, el PT y la izquierda): Bolsonaro conseguiría consagrar a uno de sus hijos como su heredero y transmitirle sus votos, o varios líderes conservadores o reaccionarios disputarían el puesto de candidato de oposición. Lo que suele ser sorprendente es que ambas posibilidades sucedieron.

El senador Flávio Bolsonaro, el “cero-uno” (Jair Bolsonaro llama a sus hijos varones, todos políticos, por los números 01 a 04), se consolidó como candidato de su Partido Liberal, a pesar de una pelea pública contra su madrastra Michelle Bolsonaro, que es muy popular entre las evangélicas. Según el instituto Datafolha, entre agosto y septiembre la pequeña diferencia alrededor de 5 puntos percentuales se convirtió en empate técnico entre el presidente Lula, que lidera todas las encuestas, y Flávio. Con distintas metodologías, el Atlas presenta escenario semejante, mientras otros institutos apuntan diferencias menos cercanas (5 puntos percentuales para Quaest y BTG/Nexus) o más confortables (8 puntos percentuales en Real Time Big Data y 10 puntos en CNT/ MDA). Sin embargo, todos ellos muestran a Lula liderando y Flávio como su principal opositor y candidato competitivo. Por supuesto, con tres semanas de campaña después de la primera vuelta, las opiniones de los electores pueden cambiar, pero las encuestas sobre la segunda vuelta exponen todavía más como Brasil está dividido: solo CNT/MDA le da a Lula victoria por 7 puntos percentuales; todos los demás apuntan empate técnico. Entre ellos, Atlas y Quaest lo hacen con ventaja para Flávio, y solo Datafolha y BTG/Nexus lo hacen con Lula adelante.

Un segundo candidato de extrema derecha que intenta viabilizarse es Renan Santos, del nuevísimo partido Missão. Registrado en noviembre de 2025, es el partido del Movimiento Brasil Libre (MBL), que fue fundado en 2014 siguiendo el discurso contra la corrupción de la Operación Lava Jato, para apoyar en las redes sociales y en las calles el golpe de Estado contra la presidenta Dilma Rousseff, lo que efectivamente se concretó con el proceso de impeachment de 2016. Desde el comienzo defendió el Estado mínimo para las políticas sociales y penas más duras para los criminales. Eligió algunos de sus líderes en las elecciones municipales de 2016 y para diputado federal en 2018, por diferentes partidos de derecha. El MBL apoyó la elección de Bolsonaro en 2018, pero desde la pandemia, cuando discrepó del negacionismo del presidente contra las vacunas, aprovechó para alejarse e intentar convertirse en una tercera vía. Defendió el impeachment de Bolsonaro y voto nulo en las elecciones presidenciales de 2022. Ahora, en 2026, su líder Renan Santos es candidato, supuestamente defendiendo una combinación de liberalización económica y fuerte represión policial al crimen con política externa de liderazgo regional y desarrollo de infraestructura.

Registrado en 2015, el Partido Novo también nació criticando la política como corrupta y el Estado como ineficiente. Defendiendo el Estado mínimo, se presentaba como la verdadera derecha moderna e ideológica, que no aceptaba financiación pública (pero recibía desproporcional financiación de empresarios multimillonarios) y reclutaba sus candidatos utilizando los mismos métodos que las empresas para seleccionar empleados. El radical partido contrario a todos los derechos sociales y laborales, que eran presentados como dañosos al desarrollo económico y como limosna, atraía electores de clase media y alta que reproducían el discurso de que todos los políticos son ladrones, y que surgía la oportunidad de elegir “no políticos”. El Novo tuvo poco éxito, considerando su gran financiación privada disponible. La excepción fue la eleción de Romeu Zema para gobernador de Minas Gerais. Él se convirtió en el líder del partido, controlándolo para su propia carrera política. Apoyó a Jair Bolsonaro en las elecciones de 2018 y 2022, cuando se candidató para gobernador de Minas Gerais, por primera vez y a la reelección. La experiencia en uno de los Estados más importantes (y de donde vinieron muchos presidentes brasileños) supuestamente le daría condición de postularse a la presidencia, pero su intento de alejarse de Bolsonaro no convenció a los electores. Actualmente todas las encuestas le dan 1% o 2%.

Candidatos con mejor situación en las encuestas son Ronaldo Caiado y Augusto Cury. Caiado es uno de los líderes históricos de los terratenientes y fue uno de los 22 candidatos en la histórica elección presidencial de 1989, la primera elección directa después del golpe militar, cuando Fernando Collor derrotó Lula en segunda vuelta. Es un político de derecha tradicional, aunque, como toda la derecha que no se aproximó del centro en alianza con Lula, fue aliado de Bolsonaro. Cury es un escritor best-seller de autoayuda, que vendió más de 30 millones de libros en el país. Él aparece tercero en todas las encuestas excepto la de Atlas. Es un absoluto outsider, demuestra todo tipo de incomprensiones sobre temas políticos y administrativos en los debates y entrevistas, pero justamente por esto atrae a electores también poco informados y que rechazan la polarización entre centroizquierda y extrema derecha.

Además, en la extrema derecha, Pablo Marçal, empresario e influenciador digital que se presenta como “coach” y tiene ideas muy semejantes a las de Javier Milei, estaba inelegible, pero igual presentó su candidatura, que solo en septiembre fue definitivamente rechazada por el Tribunal Superior Electoral. De otro lado, el fundamentalismo religioso sigue mezclado con el fascismo bolsonarista: Michelle salió candidata al Senado y tampoco otro líder evangélico se candidató al Ejecutivo nacional. Los reaccionarios monarquistas también apoyan Bolsonaro: sobrino de Bertrand de Orléans e Bragança, que es considerado por algunos como el “jefe de la casa imperial”, Luiz Philippe de Orléans e Bragança casi fue invitado por Jair Bolsonaro para ser su vice en las elecciones de 2018. En aquel año fue electo diputado federal por el mismo partido donde estaba Bolsonaro, el PSL, y migraron juntos para el PL, reeligiéndose para la Cámara Federal. Los monarquistas, que participaron de las protestas a favor del golpe de 2016, tuvieron 10% de los votos en el plebiscito de 1993 para restaurar la monarquía, y siguen recibiendo apoyo de reaccionarios a quienes les parece razonable asociar la corrupción en Brasil a la república.

Asimismo, la apuesta de Lula para reelegirse pasa por atraer electores conservadores que aprecian políticas sociales y la mejor situación económica del país, pero también son suscetibles a determinadas agendas típicas de la derecha. Además del plan de construir un sistema único de seguridad pública coordinando los niveles federal, estadual y municipal, Lula promete crear un ministerio de la seguridad “para enfrentar las bandas”, además de construir 138 cárceles de máxima seguridad. ¿Cómo criticarlo por no distanciarse de estos temas?

Flávio es el candidato que tiene real oportunidad de ser elegido. Si gana, libera a su padre de la cárcel, repite su gobierno de destrucción, favorece los intereses neocoloniales de Donald Trump contra la soberanía de Brasil, y probablemente avanza hacia donde no podemos predecir.

Cuando el ex presidente Jair Bolsonaro fue condenado por el intento de golpe de Estado, dos posibilidades parecían plausibles para la derecha y el anti-petismo (posición ideológica contra Lula, el PT y la izquierda): Bolsonaro conseguiría consagrar a uno de sus hijos como su heredero y transmitirle sus votos, o varios líderes conservadores o reaccionarios disputarían el puesto de candidato de oposición. Lo que suele ser sorprendente es que ambas posibilidades sucedieron.

El senador Flávio Bolsonaro, el “cero-uno” (Jair Bolsonaro llama a sus hijos varones, todos políticos, por los números 01 a 04), se consolidó como candidato de su Partido Liberal, a pesar de una pelea pública contra su madrastra Michelle Bolsonaro, que es muy popular entre las evangélicas. Según el instituto Datafolha, entre agosto y septiembre la pequeña diferencia alrededor de 5 puntos percentuales se convirtió en empate técnico entre el presidente Lula, que lidera todas las encuestas, y Flávio. Con distintas metodologías, el Atlas presenta escenario semejante, mientras otros institutos apuntan diferencias menos cercanas (5 puntos percentuales para Quaest y BTG/Nexus) o más confortables (8 puntos percentuales en Real Time Big Data y 10 puntos en CNT/ MDA). Sin embargo, todos ellos muestran a Lula liderando y Flávio como su principal opositor y candidato competitivo. Por supuesto, con tres semanas de campaña después de la primera vuelta, las opiniones de los electores pueden cambiar, pero las encuestas sobre la segunda vuelta exponen todavía más como Brasil está dividido: solo CNT/MDA le da a Lula victoria por 7 puntos percentuales; todos los demás apuntan empate técnico. Entre ellos, Atlas y Quaest lo hacen con ventaja para Flávio, y solo Datafolha y BTG/Nexus lo hacen con Lula adelante.

Un segundo candidato de extrema derecha que intenta viabilizarse es Renan Santos, del nuevísimo partido Missão. Registrado en noviembre de 2025, es el partido del Movimiento Brasil Libre (MBL), que fue fundado en 2014 siguiendo el discurso contra la corrupción de la Operación Lava Jato, para apoyar en las redes sociales y en las calles el golpe de Estado contra la presidenta Dilma Rousseff, lo que efectivamente se concretó con el proceso de impeachment de 2016. Desde el comienzo defendió el Estado mínimo para las políticas sociales y penas más duras para los criminales. Eligió algunos de sus líderes en las elecciones municipales de 2016 y para diputado federal en 2018, por diferentes partidos de derecha. El MBL apoyó la elección de Bolsonaro en 2018, pero desde la pandemia, cuando discrepó del negacionismo del presidente contra las vacunas, aprovechó para alejarse e intentar convertirse en una tercera vía. Defendió el impeachment de Bolsonaro y voto nulo en las elecciones presidenciales de 2022. Ahora, en 2026, su líder Renan Santos es candidato, supuestamente defendiendo una combinación de liberalización económica y fuerte represión policial al crimen con política externa de liderazgo regional y desarrollo de infraestructura.

Registrado en 2015, el Partido Novo también nació criticando la política como corrupta y el Estado como ineficiente. Defendiendo el Estado mínimo, se presentaba como la verdadera derecha moderna e ideológica, que no aceptaba financiación pública (pero recibía desproporcional financiación de empresarios multimillonarios) y reclutaba sus candidatos utilizando los mismos métodos que las empresas para seleccionar empleados. El radical partido contrario a todos los derechos sociales y laborales, que eran presentados como dañosos al desarrollo económico y como limosna, atraía electores de clase media y alta que reproducían el discurso de que todos los políticos son ladrones, y que surgía la oportunidad de elegir “no políticos”. El Novo tuvo poco éxito, considerando su gran financiación privada disponible. La excepción fue la eleción de Romeu Zema para gobernador de Minas Gerais. Él se convirtió en el líder del partido, controlándolo para su propia carrera política. Apoyó a Jair Bolsonaro en las elecciones de 2018 y 2022, cuando se candidató para gobernador de Minas Gerais, por primera vez y a la reelección. La experiencia en uno de los Estados más importantes (y de donde vinieron muchos presidentes brasileños) supuestamente le daría condición de postularse a la presidencia, pero su intento de alejarse de Bolsonaro no convenció a los electores. Actualmente todas las encuestas le dan 1% o 2%.

Candidatos con mejor situación en las encuestas son Ronaldo Caiado y Augusto Cury. Caiado es uno de los líderes históricos de los terratenientes y fue uno de los 22 candidatos en la histórica elección presidencial de 1989, la primera elección directa después del golpe militar, cuando Fernando Collor derrotó Lula en segunda vuelta. Es un político de derecha tradicional, aunque, como toda la derecha que no se aproximó del centro en alianza con Lula, fue aliado de Bolsonaro. Cury es un escritor best-seller de autoayuda, que vendió más de 30 millones de libros en el país. Él aparece tercero en todas las encuestas excepto la de Atlas. Es un absoluto outsider, demuestra todo tipo de incomprensiones sobre temas políticos y administrativos en los debates y entrevistas, pero justamente por esto atrae a electores también poco informados y que rechazan la polarización entre centroizquierda y extrema derecha.

Además, en la extrema derecha, Pablo Marçal, empresario e influenciador digital que se presenta como “coach” y tiene ideas muy semejantes a las de Javier Milei, estaba inelegible, pero igual presentó su candidatura, que solo en septiembre fue definitivamente rechazada por el Tribunal Superior Electoral. De otro lado, el fundamentalismo religioso sigue mezclado con el fascismo bolsonarista: Michelle salió candidata al Senado y tampoco otro líder evangélico se candidató al Ejecutivo nacional. Los reaccionarios monarquistas también apoyan Bolsonaro: sobrino de Bertrand de Orléans e Bragança, que es considerado por algunos como el “jefe de la casa imperial”, Luiz Philippe de Orléans e Bragança casi fue invitado por Jair Bolsonaro para ser su vice en las elecciones de 2018. En aquel año fue electo diputado federal por el mismo partido donde estaba Bolsonaro, el PSL, y migraron juntos para el PL, reeligiéndose para la Cámara Federal. Los monarquistas, que participaron de las protestas a favor del golpe de 2016, tuvieron 10% de los votos en el plebiscito de 1993 para restaurar la monarquía, y siguen recibiendo apoyo de reaccionarios a quienes les parece razonable asociar la corrupción en Brasil a la república.

Asimismo, la apuesta de Lula para reelegirse pasa por atraer electores conservadores que aprecian políticas sociales y la mejor situación económica del país, pero también son suscetibles a determinadas agendas típicas de la derecha. Además del plan de construir un sistema único de seguridad pública coordinando los niveles federal, estadual y municipal, Lula promete crear un ministerio de la seguridad “para enfrentar las bandas”, además de construir 138 cárceles de máxima seguridad. ¿Cómo criticarlo por no distanciarse de estos temas?

Flávio es el candidato que tiene real oportunidad de ser elegido. Si gana, libera a su padre de la cárcel, repite su gobierno de destrucción, favorece los intereses neocoloniales de Donald Trump contra la soberanía de Brasil, y probablemente avanza hacia donde no podemos predecir.


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