

Las elecciones generales de 2026 en Brasil tienen lugar en un contexto marcado por incertidumbres, que se reflejan en la oscilación de las encuestas electorales y de la opinión pública. El electorado brasileño, desgastado en los últimos años por sucesivos escándalos políticos y por una creciente polarización, no parece estar tan involucrado en las campañas electorales como de costumbre. En las calles, vemos pocas banderas en las casas y los coches, así como pocas personas utilizando calcomanías de sus candidatos. Las personas evitan hablar del tema, evitando así también los conflictos en sus círculos personales que marcaron los procesos electorales anteriores.
Sin embargo, la polarización, aunque con contornos más moderados, parece persistir cuando observamos los resultados de las encuestas de intención de voto. Por un lado, representando a la centroizquierda, tenemos al presidente Lula (PT), quien intenta ser reelegido para un cuarto mandato. Por otro, Flávio Bolsonaro (PL), hijo del expresidente Jair Bolsonaro, actualmente bajo arresto domiciliario, representa a la extrema derecha. En la mayoría de las encuestas, ambos aparecen con alrededor del 40 % de los votos en la primera vuelta, con Lula en primer lugar, con aproximadamente un 3% más de los votos, lo que lo sitúa dentro del margen de error.
En la segunda vuelta, los votos de los demás candidatos, como Romeu Zema (Novo), Ronaldo Caiado (PSD), Renan Santos (MISSÃO) y, principalmente, Augusto Cury (Avante), quien llegó a alcanzar el 8% de las intenciones de voto, parecen migrar hacia Flávio. Así, las encuestas muestran a los dos candidatos técnicamente empatados en la segunda vuelta. El 20% del electorado afirma que todavía puede cambiar su voto y, muy probablemente, serán estos electores quienes decidirán, una vez más, el resultado de esta disputa.
En este escenario, cuando observamos el debate político en las plataformas digitales, que son señaladas actualmente por los brasileños como el principal medio de consumo de información política, identificamos algunas tendencias que ayudan a comprender este comportamiento y que también generan preocupación en lo que respecta a la circulación y al apoyo a medidas antidemocráticas en las redes.
Entre los candidatos presidenciales, Lula y Flávio Bolsonaro también lideran en las redes las métricas de engagement, tanto en lo que se refiere al número de seguidores (15,3 millones y 11,8 millones, respectivamente) como a las tasas de interacción. Instagram se destaca como la principal plataforma de las campañas digitales, al igual que se observó en 2024. De acuerdo con el monitoreo que estamos realizando a partir del proyecto “Criminalidad, Inseguridad y Legitimidad: un enfoque transdisciplinario” (Proceso FAPESP n.º 2022/09091-8), desde el inicio oficial de las campañas, Lula acumuló 46,8 millones de interacciones solamente en esta red con sus publicaciones, mientras que Flávio alcanzó 37,3 millones. Se trata de un hecho inédito: es la primera vez que un candidato de izquierda lidera la disputa en las redes en Brasil, dado que la extrema derecha y, en particular, la familia Bolsonaro, ha consolidado una elevada capilaridad en el espacio digital durante los últimos diez años, incluso con la ayuda de los algoritmos de distribución de estas plataformas, que organizan la circulación de los contenidos.
Sin embargo, cuando observamos conjuntamente la actuación de los candidatos en las redes, teniendo en cuenta los perfiles de candidatos a los gobiernos estatales, al Senado Federal, a la Cámara de Diputados y a las Asambleas Legislativas estatales, obtenemos un panorama más preciso. Los candidatos de extrema derecha, para los más diversos cargos, continúan liderando en volumen de publicaciones y engagement.
Análisis realizados simultáneamente al proceso electoral muestran que, entre los temas de mayor incidencia en las publicaciones, se destaca el caso del Banco Master, una investigación sobre fraudes financieros multimillonarios que involucran a agentes públicos y políticos de diversos partidos políticos, cuya repercusión en las redes puede sintetizarse a partir de dos narrativas. En la narrativa de la izquierda, liderada por candidatas como Erika Hilton (PSOL), el encuadre prioriza la asociación de Daniel Vorcaro, propietario del Banco Master, con Flávio Bolsonaro, confirmada por una serie de mensajes personales que salieron a la luz, relacionados con una solicitud de 134 millones al banquero, y con el ministro del Supremo Tribunal Federal (STF), Kássio Nunes, quien habría tenido un programa sexual financiado por Vorcaro. Por otro lado, en la narrativa presentada por la derecha, se busca asociar a Vorcaro con el ministro del STF Alexandre de Moraes, cuya esposa era abogada del banquero mediante un contrato también por varios millones, e indirectamente con Lula. Esto ocurre porque, en los últimos años, Moraes, a partir de sus decisiones en el caso de la investigación sobre las fake news, de las directrices para la gestión de la pandemia y del proceso relativo al 8 de enero, se convirtió en uno de los principales adversarios del bolsonarismo.
En este juego retórico populista, la imagen de Moraes pasó a estar vinculada al presidente Lula. Esta asociación distorsionada ha sido alimentada e intensificada, en gran medida, por las llamadas granjas de IA, cuyas investigaciones muestran que están influyendo directamente en el alcance de las desinformaciones en las redes durante estas elecciones. El principal núcleo de estas granjas se encuentra en la cuenta @leoindiobol sonaro administrada por Leonardo Rodrigues de Jesus, Léo Índio, primo de Flávio Bolsonaro. Objeto de la investigación que indaga el intento de golpe de Estado de 2023, tuvo su prisión decretada en 2025 y actualmente se encuentra prófugo en Argentina. Predominan los contenidos de humor y parodia entre los de mayor engagment, que concentran el 34 % de las interacciones. Sin embargo, la mayoría de ellos posee un carácter ofensivo, teniendo como principales objetivos al presidente Lula, al PT y a la primera dama Rosângela da Silva, Janja (16 %), y al ministro del STF Alexandre de Moraes (10%). En este ámbito, predominan los ataques misóginos contra Janja y la asociación de Lula y Moraes con entidades religiosas negativas, como el diablo.
Otro tema que ha tenido amplia repercusión en las redes es el de la Seguridad Pública. Ya que la violencia ha sido señalada como el principal problema del país por los brasileños durante los últimos años, a pesar de que diversos indicadores de criminalidad están disminuyendo, los candidatos han amplificado en campaña propuestas altamente punitivistas, orientadas al endurecimiento penal, con medidas como la prisión perpetua, castración química, pena de muerte, ampliación del encarcelamiento y la idea de hacer justicia por mano propia. En esta línea, diversos candidatos, como Renan Santos (MISSÃO), declaran inspirarse en el modelo adoptado por Nayib Bukele en El Salvador, país que se encuentra en estado de excepción desde 2022.
Los candidatos, sobre todo los de derecha, han difundido en las redes diversos videos que registran crímenes atroces, como secuestros y violaciones de personas vulnerables, así como otros en los que sospechosos y delincuentes son abatidos a tiros. En este contexto, se exalta la actuación de las fuerzas policiales, institución de la que provienen muchos candidatos —alrededor de mil en estas elecciones—, muchas veces mediante videos de alta calidad y con un encuadre cinematográfico, como los que viene publicando el actual gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas (Republicanos).
En este sentido, la interferencia de las big tech en la dinámica electoral quedó expuesta de manera evidente en los últimos días. Además de la lógica algorítmica que, como es sabido, privilegia la circulación de contenidos de fuerte atractivo emocional y que, muchas veces, incitan a la violencia y al odio y favorecen la circulación de ideas antidemocráticas y desinformación, la empresa META deshabilitó la página del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en Facebook sin una justificación plausible y también restringió sus anuncios. Además, una publicación en la que el humorista Fábio Porchat explicaba la red de relaciones del caso Master y la implicación de Bolsonaro con Vorcaro, que obtuvo más de 7 millones de visualizaciones, también fue censurada por Instagram.
Aunque las plataformas sean originalmente espacios de comunicación privada, han adquirido una relevancia indiscutible en el debate público contemporáneo, pasando a integrar la esfera pública. De este modo, los principios que deben orientar la esfera pública también deberían estar presentes en estos espacios, como la transparencia en relación con la publicidad de sus contenidos, la igualdad entre los participantes, el uso público de la razón, la argumentación crítica y la ausencia de coerción.
Por lo tanto, resulta urgente una regulación efectiva de estos espacios, con el fin de promover y garantizar la realización de estos principios, así como una rigurosa responsabilización legal de estas empresas respecto de las directrices y los contenidos que allí circulan, particularmente durante los períodos electorales, de manera que se les impida privilegiar determinadas candidaturas y opiniones en función de los intereses particulares e ideológicos de sus CEO (públicamente favorables a la extrema derecha global). Existen diversos indicios de una interferencia deliberada de las big tech, aliadas del gobierno estadounidense, en los actuales procesos electorales de América Latina, con el propósito de orientar sus resultados en favor de candidatos alineados con sus objetivos económicos y sus iniciativas neocoloniales. Esto constituye una grave amenaza para las democracias y la soberanía política de la región y no debería ser tolerado por los pueblos latinoamericanos, ni por sus instituciones, liderazgos y organizaciones internacionales. Que estas últimas no continúen actuando con cobardía, como hemos visto en los casos de Gaza, Líbano y Venezuela.
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Las elecciones generales de 2026 en Brasil tienen lugar en un contexto marcado por incertidumbres, que se reflejan en la oscilación de las encuestas electorales y de la opinión pública. El electorado brasileño, desgastado en los últimos años por sucesivos escándalos políticos y por una creciente polarización, no parece estar tan involucrado en las campañas electorales como de costumbre. En las calles, vemos pocas banderas en las casas y los coches, así como pocas personas utilizando calcomanías de sus candidatos. Las personas evitan hablar del tema, evitando así también los conflictos en sus círculos personales que marcaron los procesos electorales anteriores. |
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