Pepe, el barrio y la chispa que prende futuro
Julieta Micol Juarez
Diego Molinas disecciona el pulso ético de su obra y los desafíos de contar desde abajo



Hay charlas que no se olvidan. Y hay libros que nacen para que esas charlas sigan andando.

“Conversaciones con Pepe Mujica. Un encuentro en el atardecer de una vida plena” no es solo un testimonio: es un puente entre generaciones, territorios y sueños. En estas páginas, Diego Molinas, militante, comunicador y cronista, retrata un encuentro con José “Pepe” Mujica que trasciende la entrevista y se convierte en un gesto político. Una conversación entre iguales, donde la palabra se vuelve casa, refugio y empuje.

Desde el barrio y para el barrio, desde la ternura como horizonte, Diego nos invita a pensar la vida, la militancia y el tiempo con una profundidad que abraza. En esta entrevista, nos cuenta qué hay detrás del libro, qué lo movilizó a escribirlo y qué sueña para lo que viene.


¿Qué te llevó a transformar una entrevista en un libro? ¿Por qué creíste que ese encuentro con Pepe Mujica merecía convertirse en algo más duradero?

— El libro es la síntesis de varios encuentros con Pepe, la más simbólica y potente fue la charla de aquel agosto de 2022, cuando pudimos visitarlo en su casa en Rincón del Cerro, ese día fue una inflexión para quienes estuvimos allí, su generosidad, su claridad y su humanidad son una huella indeleble en nuestra conciencia y nuestra historia personal. Atravesamos un tiempo en que lo efímero marca el pulso de lo que se comunica y lo que siente, todo sucede en una lógica brutal que busca monetizar la palabra y la idea. Pepe con su forma y opción vital desafío esa lógica, imprimiéndole al tiempo un valor que trasciende los límites que impone el mercado, esos mismos condicionamientos que muchas veces se utilizan para menoscabar o descartar a aquellos que venimos del barrio y reivindicamos esa identidad. Que estas conversaciones perduren y motiven otras, es decididamente un homenaje a Pepe Mujica pero también una reivindicación de las tramas comunitarias y solidarias de las que nos consideramos hijos. Se escribe mucho sobre nosotros pero no siempre escribimos nosotros, por eso el enorme agradecimiento a Acercándonos Ediciones, que nos abrió la posibilidad de poner en lo público nuestra palabra.


El libro respira una ternura política poco común: ¿creés que la ternura puede ser una herramienta de lucha en estos tiempos tan duros?

— La militancia es un acto de ternura, es una percepción colectiva de lo injusto y a la vez una decisión individual de cambiar esas condiciones de dolor, la decisión de involucrarse, de no ser indiferentes ante el sufrimiento del otro, conlleva una conciencia altruista que enternece, que mejora la condición humana, es un acto amoroso pero no ingenuo, por que posicionarse desde la vereda de la ternura, es también caer en la cuenta que del otro lado hay crueldad, el punto más alto de esta ternura es la organización, el pensar una vida mejor con y para otros. En el libro uno de los momentos más tiernos es la dedicatoria inicial, a mis sobrinos, que representan el futuro, la posibilidad de que los que vengan sean una mejor versión de nosotros. Su ternura es un anticipo de algo mejor, por otro lado aparece mi viejo, un zapatero que intentó la revolución y que me ensenó que si la ternura es el norte de lo humano, tiene capacidad de transformar la realidad, y por último los jubilados que son la dignidad tierna de los miércoles que hoy representa el bastión fundamental ante la crueldad de Estado. Sin duda alguna en este tiempo cruel, la ternura es potente y subversiva, por que tiene la capacidad de devolvernos humanidad.


Decís que Mujica representa dignidad barrial. ¿Qué significa para vos “ser del barrio” hoy, más allá de lo geográfico?

—A diferencia de otras identidades, la barrial, está hecha de desarraigos y carencias, el injusto reparto de la riqueza impone que quienes nacemos y nos hacemos en los barrios, tengamos que gestionar el dolor y la vulnerabilidad como parte de nuestra dimensión constitutiva. Por esto en primer lugar ser del barrio es un gran orgullo, somos un deseo de humanidad gestado a punta de guiso y solidaridad, no somos una soledad virtuosa, somos una lógica comunitaria que se sabe dolorida y golpeada, pero intenta su mejor versión cuando no deja tirado a nadie. Tenemos tatuado en el alma que nadie se salva solo, lo que para algunos pueden ser slogan o consigna para nosotros es la argumentación de por qué llegamos hasta acá. Por eso creemos que es tan importante que los barrios hablen, por que allí hay un saber que no se aprende en la academia, o se autopercibe como una revelación divina. Pepe Mujica era de barrio como nosotros por que sabía de dolores, pero también de mate y risa, cuando sucede lo sagrado del encuentro, así nos encontramos, allí en el barrio como puente sucedió esta charla con Pepe.


¿Qué viste en Mujica que te hizo sentir que hablaba con nosotros “de igual a igual”? ¿Qué aprendiste de ese gesto?

— Los días, las horas previas al encuentro con él, miramos mucho material audiovisual sobre su vida, eso potenciaba nuestra admiración pero también el cariño hacia su humanidad. Cuando entramos a su casa, era muy parecida a la de cualquiera de nuestros parientes y vecinos, humilde, sencilla pero también la calidez era similar. Habló con nosotros partiendo de la condición humana como ordenadora del encuentro, nunca recurrió a la asimetría, ese gesto de enorme valor sin que él lo supiera fue reparador, de tantos maltratos y subestimaciones que sufrimos muchas veces a manos y a ideas de nefastos personajes que no llegan ni a los talones de su coherencia y claridad.
Aprendí que la identidad barrial es un saber profundo que puede dialogar con otros ensayos de humanidad, incluso con Pepe Mujica a quien admira y respeta una porción importante del mundo, y por otro lado que ser un líder brillante, una referencia política, no pasa, por el chamuyo o el ego, sino por la humildad, eso es Pepe.


¿Qué lugar ocupa la imaginación política en tu forma de narrar? ¿Se puede pelear el futuro con palabras?

— Las tres cosas que constituyen tu pregunta, son también constitutivas de mi manera de transitar el diálogo con una sociedad que no siempre se parece a lo que uno desea. Nombramos las cosas, les damos entidad, consistencia narrativa, para que exista algo distinto a la indiferencia y la crueldad, nuestra narración es un acto de irreverencia a la realidad que se nos impone. Asumimos la política no solo para nombrar cosas sino para cambiarlas, la política es el medio por el cual nuestro ensayo poético y social, interviene en la historia para transformarla. Pero para poder narrar y hacer política primero hay que imaginar. La palabra gritada, susurrada, cantada o escrita es anticipo de un futuro mejor, por además de ser un acto creativo el enunciado es la inquietud cotidiana de no resignarse y seguir peleando.
 



¿Qué sentís que representa este libro para los pibes y pibas de los barrios populares? ¿Una señal, una esperanza, una provocación?

— Queremos que este libro llegue a los pibes y pibas de barrio, por que nos parece importante que conozcan a Pepe, su historia, pero fundamentalmente que sepan que ese hombre sencillo, que llegó a presidente y a ser una referencia ética mundial, vivía de un modo similar a nosotros, se parecía a nosotros, y quizás por eso, por esa conciencia de lo vulnerable, decidió desafiar las injusticias. Los pibes de los barrios siempre son una esperanza, este libro es una provocación, si nosotros pudimos ustedes también, anímense a todo, la vida es hermosa y si se milita es más linda.


— ¿Qué sueños te quedan pendientes como autor, militante o constructor de comunidad?

— Este libro es un sueño que anda, quisiera que camine escuelas, cárceles, hogares, que siga siendo un motivo para conversar, para escuchar y para decir. Como autor estoy de a poquito escribiendo sobre esta identidad barrial y mi trabajo dentro del mundo de la diplomacia parlamentaria, y por último sueño que los sectores populares tengamos mayores espacios de representación en lo público, en la política en la comunicación, que nos animemos a desafiar los estigmas impuestos y seamos nosotros. Los sectores populares tenemos mucho por decir y aportar, atravesamos un tiempo en donde la mediocridad gestiona el Estado. Se están rompiendo y dañando muchas cosas. Sueño que el porvenir tenga la potencia creadora de los territorios como una de sus piezas fundamentales.

Muchas gracias por permitirme poner mi palabra y también mis sentimientos, gracias.


Diego Molinas no escribió solo una crónica: sembró una conversación colectiva. Entre las páginas de su libro y las palabras que hoy nos compartió, late una certeza: que desde los márgenes o las orillas, se pueden construir pensamientos potentes, libros necesarios y encuentros inolvidables.
En tiempos donde todo parece urgencia, detenernos a escuchar —y a imaginar- también es resistencia.

Gracias, Diego, por recordarnos que los sueños no se mendigan, se construyen. Y que la palabra, cuando es honesta y compartida, puede ser una forma de futuro.


Hay charlas que no se olvidan. Y hay libros que nacen para que esas charlas sigan andando.

“Conversaciones con Pepe Mujica. Un encuentro en el atardecer de una vida plena” no es solo un testimonio: es un puente entre generaciones, territorios y sueños. En estas páginas, Diego Molinas, militante, comunicador y cronista, retrata un encuentro con José “Pepe” Mujica que trasciende la entrevista y se convierte en un gesto político. Una conversación entre iguales, donde la palabra se vuelve casa, refugio y empuje.

Desde el barrio y para el barrio, desde la ternura como horizonte, Diego nos invita a pensar la vida, la militancia y el tiempo con una profundidad que abraza. En esta entrevista, nos cuenta qué hay detrás del libro, qué lo movilizó a escribirlo y qué sueña para lo que viene.


¿Qué te llevó a transformar una entrevista en un libro? ¿Por qué creíste que ese encuentro con Pepe Mujica merecía convertirse en algo más duradero?

— El libro es la síntesis de varios encuentros con Pepe, la más simbólica y potente fue la charla de aquel agosto de 2022, cuando pudimos visitarlo en su casa en Rincón del Cerro, ese día fue una inflexión para quienes estuvimos allí, su generosidad, su claridad y su humanidad son una huella indeleble en nuestra conciencia y nuestra historia personal. Atravesamos un tiempo en que lo efímero marca el pulso de lo que se comunica y lo que siente, todo sucede en una lógica brutal que busca monetizar la palabra y la idea. Pepe con su forma y opción vital desafío esa lógica, imprimiéndole al tiempo un valor que trasciende los límites que impone el mercado, esos mismos condicionamientos que muchas veces se utilizan para menoscabar o descartar a aquellos que venimos del barrio y reivindicamos esa identidad. Que estas conversaciones perduren y motiven otras, es decididamente un homenaje a Pepe Mujica pero también una reivindicación de las tramas comunitarias y solidarias de las que nos consideramos hijos. Se escribe mucho sobre nosotros pero no siempre escribimos nosotros, por eso el enorme agradecimiento a Acercándonos Ediciones, que nos abrió la posibilidad de poner en lo público nuestra palabra.


El libro respira una ternura política poco común: ¿creés que la ternura puede ser una herramienta de lucha en estos tiempos tan duros?

— La militancia es un acto de ternura, es una percepción colectiva de lo injusto y a la vez una decisión individual de cambiar esas condiciones de dolor, la decisión de involucrarse, de no ser indiferentes ante el sufrimiento del otro, conlleva una conciencia altruista que enternece, que mejora la condición humana, es un acto amoroso pero no ingenuo, por que posicionarse desde la vereda de la ternura, es también caer en la cuenta que del otro lado hay crueldad, el punto más alto de esta ternura es la organización, el pensar una vida mejor con y para otros. En el libro uno de los momentos más tiernos es la dedicatoria inicial, a mis sobrinos, que representan el futuro, la posibilidad de que los que vengan sean una mejor versión de nosotros. Su ternura es un anticipo de algo mejor, por otro lado aparece mi viejo, un zapatero que intentó la revolución y que me ensenó que si la ternura es el norte de lo humano, tiene capacidad de transformar la realidad, y por último los jubilados que son la dignidad tierna de los miércoles que hoy representa el bastión fundamental ante la crueldad de Estado. Sin duda alguna en este tiempo cruel, la ternura es potente y subversiva, por que tiene la capacidad de devolvernos humanidad.


Decís que Mujica representa dignidad barrial. ¿Qué significa para vos “ser del barrio” hoy, más allá de lo geográfico?

—A diferencia de otras identidades, la barrial, está hecha de desarraigos y carencias, el injusto reparto de la riqueza impone que quienes nacemos y nos hacemos en los barrios, tengamos que gestionar el dolor y la vulnerabilidad como parte de nuestra dimensión constitutiva. Por esto en primer lugar ser del barrio es un gran orgullo, somos un deseo de humanidad gestado a punta de guiso y solidaridad, no somos una soledad virtuosa, somos una lógica comunitaria que se sabe dolorida y golpeada, pero intenta su mejor versión cuando no deja tirado a nadie. Tenemos tatuado en el alma que nadie se salva solo, lo que para algunos pueden ser slogan o consigna para nosotros es la argumentación de por qué llegamos hasta acá. Por eso creemos que es tan importante que los barrios hablen, por que allí hay un saber que no se aprende en la academia, o se autopercibe como una revelación divina. Pepe Mujica era de barrio como nosotros por que sabía de dolores, pero también de mate y risa, cuando sucede lo sagrado del encuentro, así nos encontramos, allí en el barrio como puente sucedió esta charla con Pepe.


¿Qué viste en Mujica que te hizo sentir que hablaba con nosotros “de igual a igual”? ¿Qué aprendiste de ese gesto?

— Los días, las horas previas al encuentro con él, miramos mucho material audiovisual sobre su vida, eso potenciaba nuestra admiración pero también el cariño hacia su humanidad. Cuando entramos a su casa, era muy parecida a la de cualquiera de nuestros parientes y vecinos, humilde, sencilla pero también la calidez era similar. Habló con nosotros partiendo de la condición humana como ordenadora del encuentro, nunca recurrió a la asimetría, ese gesto de enorme valor sin que él lo supiera fue reparador, de tantos maltratos y subestimaciones que sufrimos muchas veces a manos y a ideas de nefastos personajes que no llegan ni a los talones de su coherencia y claridad.
Aprendí que la identidad barrial es un saber profundo que puede dialogar con otros ensayos de humanidad, incluso con Pepe Mujica a quien admira y respeta una porción importante del mundo, y por otro lado que ser un líder brillante, una referencia política, no pasa, por el chamuyo o el ego, sino por la humildad, eso es Pepe.


¿Qué lugar ocupa la imaginación política en tu forma de narrar? ¿Se puede pelear el futuro con palabras?

— Las tres cosas que constituyen tu pregunta, son también constitutivas de mi manera de transitar el diálogo con una sociedad que no siempre se parece a lo que uno desea. Nombramos las cosas, les damos entidad, consistencia narrativa, para que exista algo distinto a la indiferencia y la crueldad, nuestra narración es un acto de irreverencia a la realidad que se nos impone. Asumimos la política no solo para nombrar cosas sino para cambiarlas, la política es el medio por el cual nuestro ensayo poético y social, interviene en la historia para transformarla. Pero para poder narrar y hacer política primero hay que imaginar. La palabra gritada, susurrada, cantada o escrita es anticipo de un futuro mejor, por además de ser un acto creativo el enunciado es la inquietud cotidiana de no resignarse y seguir peleando.
 



¿Qué sentís que representa este libro para los pibes y pibas de los barrios populares? ¿Una señal, una esperanza, una provocación?

— Queremos que este libro llegue a los pibes y pibas de barrio, por que nos parece importante que conozcan a Pepe, su historia, pero fundamentalmente que sepan que ese hombre sencillo, que llegó a presidente y a ser una referencia ética mundial, vivía de un modo similar a nosotros, se parecía a nosotros, y quizás por eso, por esa conciencia de lo vulnerable, decidió desafiar las injusticias. Los pibes de los barrios siempre son una esperanza, este libro es una provocación, si nosotros pudimos ustedes también, anímense a todo, la vida es hermosa y si se milita es más linda.


— ¿Qué sueños te quedan pendientes como autor, militante o constructor de comunidad?

— Este libro es un sueño que anda, quisiera que camine escuelas, cárceles, hogares, que siga siendo un motivo para conversar, para escuchar y para decir. Como autor estoy de a poquito escribiendo sobre esta identidad barrial y mi trabajo dentro del mundo de la diplomacia parlamentaria, y por último sueño que los sectores populares tengamos mayores espacios de representación en lo público, en la política en la comunicación, que nos animemos a desafiar los estigmas impuestos y seamos nosotros. Los sectores populares tenemos mucho por decir y aportar, atravesamos un tiempo en donde la mediocridad gestiona el Estado. Se están rompiendo y dañando muchas cosas. Sueño que el porvenir tenga la potencia creadora de los territorios como una de sus piezas fundamentales.

Muchas gracias por permitirme poner mi palabra y también mis sentimientos, gracias.


Diego Molinas no escribió solo una crónica: sembró una conversación colectiva. Entre las páginas de su libro y las palabras que hoy nos compartió, late una certeza: que desde los márgenes o las orillas, se pueden construir pensamientos potentes, libros necesarios y encuentros inolvidables.
En tiempos donde todo parece urgencia, detenernos a escuchar —y a imaginar- también es resistencia.

Gracias, Diego, por recordarnos que los sueños no se mendigan, se construyen. Y que la palabra, cuando es honesta y compartida, puede ser una forma de futuro.


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