Máximo histórico de familias argentinas endeudadas y morosas
Julián Denaro


Distintas publicaciones indican que habitan nuestro país alrededor de 35 millones de personas mayores de 18 años, de los cuales casi 21 millones tienen algún tipo de deuda formal, lo cual representa el 60%. Sí, más de la mitad de los argentinos se encuentra atrapado en un esquema de endeudamiento que condiciona su libertad, dado que tiene compromisos con bancos por préstamos o vencimientos de tarjeta de crédito.

De dicho conjunto, casi 6 millones de personas, casi el 30%, no están pudiendo cumplir con los pagos, convirtiéndose en morosos, lo cual abre el camino para que el sector financiero ejerza mecanismos legales que ponen en riesgo el futuro de las familias argentinas.

Pero es más grave todavía, ya que hay millones de personas que están endeudadas por canales informales. Créditos tomados con distintas plataformas, casas de electrodomésticos y prestamistas no bancarios. Y, como la tasa de interés es aún mayor todavía que con los usurarios créditos bancarios, el porcentaje de morosidad con los préstamos informales supera el 50%.

La evidente consecuencia es que alrededor del 30% de los ingresos familiares son destinados al pago de deudas, las cuales fueron tomadas en los últimos dos años. Vale decir, que si el sueldo es de 1 millón de pesos, al trabajador le quedan disponibles tan sólo 700.000, porque 300.000 los tiene que usar para pagar los vencimientos de deuda.

Queda a la vista que la situación está en un camino de agravamiento permanente. Nótese que si 1 millón de pesos no alcanzaba para cubrir las necesidades mensuales, lo que puso a las familias argentinas en la necesidad de endeudarse, 700.000 alcanzan menos todavía. Así, la consecuencia es que el endeudamiento se agrandará y la morosidad se acentuará. Las familias argentinas están en una situación de ahogo financiero sin precedentes.

Se sabe que los repartidores piden préstamos a las plataformas para arreglar sus vehículos y así poder seguir trabajando. Pero claro, eso reduce aún más su ingreso disponible futuro. El promedio de deuda por repartidor se estima en un millón de pesos y la cantidad de endeudados creció un 122% el último año, más que se duplicó. Si había 1 millón de personas endeudadas en 2025, ahora hay 2.220.000.

Así las cosas: ¿Qué piensan que pasará con el consumo? ¿Cómo estiman que evolucionará esta situación de endeudamiento y morosidad?

Pues, es evidente, que al reducirse violento y dolorosamente el ingreso disponible, los niveles de consumo habrán de contraerse cada vez más, por cuanto las expectativas de aumentar la actividad, el trabajo, los salarios y las posibilidades de desendeudamiento se vuelven cada vez menores. Por el contrario, bajo estas condiciones, los niveles de endeudamiento y morosidad habrán de aumentar.



¿Cómo ocurrió? ¿Por qué? ¿A favor de quién?


Mauricio Macri pronunció siendo candidato que “el salario es un costo para la empresa que debe reducirse a lo mínimo posible”. Increíblemente, un significativo porcentaje de la clase laburante lo votó, y la derecha dirigió los destinos del país desde diciembre de 2015 hasta diciembre de 2019. Uno de sus Ministros de Economía, Nicolás Dujovne, reconoció que recibieron el país menos desendeudado del mundo en todos los niveles, familia, empresa y gobierno, casi sincerando el plan de destrucción que se pondría en marcha con su gobierno.

Antes de Macri, un salario mínimo de 6.000 pesos, equivalente a 600 dólares, cubría el 75% de una canasta básica de 8.000 pesos, con tarifas de servicios que sólo se llevaban apenas el 5% de los ingresos familiares. Al finalizar el gobierno de Macri, el salario mínimo de 16.000 pesos, reducido en dólares a 250, menos de la mitad, sólo costeaba el 45% de una canasta básica de 35.000 pesos, pero con los servicios llevándose el 20% de los ingresos, no valuados proporcionalmente en la canasta citada. Por consiguiente, debería mencionarse un salario mínimo disponible de 12.000 pesos, que sólo alcanzaba al 35% de la canasta básica. Menos de la mitad que antes.

El gobierno de Alberto Fernández aumentó el salario en dólares y en poder adquisitivo, ya que hacia el final de su mandato, un salario mínimo de 150.000 pesos, equivalía a 430 dólares y cubría el 50% de una canasta básica de 300.000 pesos, habiendo bajado la incidencia de los servicios al 5% de los ingresos familiares, como antes de Macri.

Pero acá vino la terrible destrucción del gobierno de Milei. En junio de 2026, el salario mínimo de 360.000 pesos, equivale a tan sólo 240 dólares y costea apenas el 22% de una canasta básica de 1.600.000 pesos, habiendo ascendido el peso de los servicios a más del 50% de los ingresos familiares, lo cual tampoco está considerado en los índices que conforman la canasta básica. Si se calculase con responsabilidad, mostraríamos la triste realidad de hoy más fidedignamente. El salario disponible es su mitad, es decir, 180.000 pesos, que sólo alcanza el 11% de la canasta básica.

Se pone aquí un ejemplo numérico para facilitar la comprensión del asunto. En 2023, una tarifa de $3.000 era el 2% de un salario mínimo de $150.000. En 2026, una tarifa de $30.000 se lleva el 8,3% de un salario mínimo de $360.000.



Durante el actual mandato, los salarios subieron aproximadamente el 150%, la inflación acumulada supera el 300% y los servicios aumentaron alrededor del 900%, considerando el período diciembre 2023 – junio 2026.

Irrefutablemente, es la destrucción del poder adquisitivo de los salarios, más la quita de medicamentos gratuitos a los jubilados, más los tarifazos, más la inflación en dólares más alta de la historia argentina, lo que hizo que las familias argentinas tengan que recurrir al endeudamiento para poder seguir viviendo, pagando los servicios, y comiendo.

Frente a esto, y casi riéndose de las familias argentinas, Caputo, el Ministro de Economía del gobierno de Milei, que también lo fue en el peor momento del gobierno de Macri, dijo que las familias especularon endeudándose porque esperaban que venga una devaluación que les licúe sus deudas.

Se sabe que el endeudamiento fue realizado para comprar alimento y pagar tarifas, por cuanto la frase de Caputo es totalmente desacertada. Él quiso decir que las familias argentinas vivieron bien y se dieron todos los gustos financiados con deuda, pensando que si el precio del dólar seguía subiendo, también lo harían los salarios y así las deudas quedaban congeladas en pesos y se volvían fáciles de pagar. Pero los niveles de consumo de toda la economía se redujeron drásticamente en el mismo período, incluyendo la reducción en el consumo de alimentos, dentro de lo que se destaca el menor consumo de carne y de leche de toda la historia de nuestro país.

Y sigue este gobierno tomándole el pelo al pueblo argentino. El actual vocero presidencial por julio de 2026, Adrián Ravier, cancherea diciendo que “uno agarra la tarjeta, la lleva al límite y al otro mes se encuentra apretado. Tenemos que volver a aprender cuál es el límite al que nuestros ingresos nos permiten acceder”, y continúa afirmando que “a veces, la gente se pone en riesgo de impago simplemente por no saber manejar sus propios ingresos y obligaciones”.
Que se entere este vocero, que nunca hubo este nivel de endeudamiento familiar en el país, y que fue provocado porque este gobierno destruyó el poder adquisitivo de los ingresos, hizo quebrar a más de 30.000 empresas, hizo perder más de 300.000 puestos de trabajo y puso a la sociedad argentina al borde del abismo. No hay que olvidar que al final del gobierno anterior a Milei, todos los argentinos estábamos mucho mejor que ahora, y no estábamos endeudados. O sí, en aquel momento las deudas eran para viajar, cambiar el auto, o mejorar la vida, y todos comíamos carne.

Distintas publicaciones indican que habitan nuestro país alrededor de 35 millones de personas mayores de 18 años, de los cuales casi 21 millones tienen algún tipo de deuda formal, lo cual representa el 60%. Sí, más de la mitad de los argentinos se encuentra atrapado en un esquema de endeudamiento que condiciona su libertad, dado que tiene compromisos con bancos por préstamos o vencimientos de tarjeta de crédito.

De dicho conjunto, casi 6 millones de personas, casi el 30%, no están pudiendo cumplir con los pagos, convirtiéndose en morosos, lo cual abre el camino para que el sector financiero ejerza mecanismos legales que ponen en riesgo el futuro de las familias argentinas.

Pero es más grave todavía, ya que hay millones de personas que están endeudadas por canales informales. Créditos tomados con distintas plataformas, casas de electrodomésticos y prestamistas no bancarios. Y, como la tasa de interés es aún mayor todavía que con los usurarios créditos bancarios, el porcentaje de morosidad con los préstamos informales supera el 50%.

La evidente consecuencia es que alrededor del 30% de los ingresos familiares son destinados al pago de deudas, las cuales fueron tomadas en los últimos dos años. Vale decir, que si el sueldo es de 1 millón de pesos, al trabajador le quedan disponibles tan sólo 700.000, porque 300.000 los tiene que usar para pagar los vencimientos de deuda.

Queda a la vista que la situación está en un camino de agravamiento permanente. Nótese que si 1 millón de pesos no alcanzaba para cubrir las necesidades mensuales, lo que puso a las familias argentinas en la necesidad de endeudarse, 700.000 alcanzan menos todavía. Así, la consecuencia es que el endeudamiento se agrandará y la morosidad se acentuará. Las familias argentinas están en una situación de ahogo financiero sin precedentes.

Se sabe que los repartidores piden préstamos a las plataformas para arreglar sus vehículos y así poder seguir trabajando. Pero claro, eso reduce aún más su ingreso disponible futuro. El promedio de deuda por repartidor se estima en un millón de pesos y la cantidad de endeudados creció un 122% el último año, más que se duplicó. Si había 1 millón de personas endeudadas en 2025, ahora hay 2.220.000.

Así las cosas: ¿Qué piensan que pasará con el consumo? ¿Cómo estiman que evolucionará esta situación de endeudamiento y morosidad?

Pues, es evidente, que al reducirse violento y dolorosamente el ingreso disponible, los niveles de consumo habrán de contraerse cada vez más, por cuanto las expectativas de aumentar la actividad, el trabajo, los salarios y las posibilidades de desendeudamiento se vuelven cada vez menores. Por el contrario, bajo estas condiciones, los niveles de endeudamiento y morosidad habrán de aumentar.



¿Cómo ocurrió? ¿Por qué? ¿A favor de quién?


Mauricio Macri pronunció siendo candidato que “el salario es un costo para la empresa que debe reducirse a lo mínimo posible”. Increíblemente, un significativo porcentaje de la clase laburante lo votó, y la derecha dirigió los destinos del país desde diciembre de 2015 hasta diciembre de 2019. Uno de sus Ministros de Economía, Nicolás Dujovne, reconoció que recibieron el país menos desendeudado del mundo en todos los niveles, familia, empresa y gobierno, casi sincerando el plan de destrucción que se pondría en marcha con su gobierno.

Antes de Macri, un salario mínimo de 6.000 pesos, equivalente a 600 dólares, cubría el 75% de una canasta básica de 8.000 pesos, con tarifas de servicios que sólo se llevaban apenas el 5% de los ingresos familiares. Al finalizar el gobierno de Macri, el salario mínimo de 16.000 pesos, reducido en dólares a 250, menos de la mitad, sólo costeaba el 45% de una canasta básica de 35.000 pesos, pero con los servicios llevándose el 20% de los ingresos, no valuados proporcionalmente en la canasta citada. Por consiguiente, debería mencionarse un salario mínimo disponible de 12.000 pesos, que sólo alcanzaba al 35% de la canasta básica. Menos de la mitad que antes.

El gobierno de Alberto Fernández aumentó el salario en dólares y en poder adquisitivo, ya que hacia el final de su mandato, un salario mínimo de 150.000 pesos, equivalía a 430 dólares y cubría el 50% de una canasta básica de 300.000 pesos, habiendo bajado la incidencia de los servicios al 5% de los ingresos familiares, como antes de Macri.

Pero acá vino la terrible destrucción del gobierno de Milei. En junio de 2026, el salario mínimo de 360.000 pesos, equivale a tan sólo 240 dólares y costea apenas el 22% de una canasta básica de 1.600.000 pesos, habiendo ascendido el peso de los servicios a más del 50% de los ingresos familiares, lo cual tampoco está considerado en los índices que conforman la canasta básica. Si se calculase con responsabilidad, mostraríamos la triste realidad de hoy más fidedignamente. El salario disponible es su mitad, es decir, 180.000 pesos, que sólo alcanza el 11% de la canasta básica.

Se pone aquí un ejemplo numérico para facilitar la comprensión del asunto. En 2023, una tarifa de $3.000 era el 2% de un salario mínimo de $150.000. En 2026, una tarifa de $30.000 se lleva el 8,3% de un salario mínimo de $360.000.



Durante el actual mandato, los salarios subieron aproximadamente el 150%, la inflación acumulada supera el 300% y los servicios aumentaron alrededor del 900%, considerando el período diciembre 2023 – junio 2026.

Irrefutablemente, es la destrucción del poder adquisitivo de los salarios, más la quita de medicamentos gratuitos a los jubilados, más los tarifazos, más la inflación en dólares más alta de la historia argentina, lo que hizo que las familias argentinas tengan que recurrir al endeudamiento para poder seguir viviendo, pagando los servicios, y comiendo.

Frente a esto, y casi riéndose de las familias argentinas, Caputo, el Ministro de Economía del gobierno de Milei, que también lo fue en el peor momento del gobierno de Macri, dijo que las familias especularon endeudándose porque esperaban que venga una devaluación que les licúe sus deudas.

Se sabe que el endeudamiento fue realizado para comprar alimento y pagar tarifas, por cuanto la frase de Caputo es totalmente desacertada. Él quiso decir que las familias argentinas vivieron bien y se dieron todos los gustos financiados con deuda, pensando que si el precio del dólar seguía subiendo, también lo harían los salarios y así las deudas quedaban congeladas en pesos y se volvían fáciles de pagar. Pero los niveles de consumo de toda la economía se redujeron drásticamente en el mismo período, incluyendo la reducción en el consumo de alimentos, dentro de lo que se destaca el menor consumo de carne y de leche de toda la historia de nuestro país.

Y sigue este gobierno tomándole el pelo al pueblo argentino. El actual vocero presidencial por julio de 2026, Adrián Ravier, cancherea diciendo que “uno agarra la tarjeta, la lleva al límite y al otro mes se encuentra apretado. Tenemos que volver a aprender cuál es el límite al que nuestros ingresos nos permiten acceder”, y continúa afirmando que “a veces, la gente se pone en riesgo de impago simplemente por no saber manejar sus propios ingresos y obligaciones”.
Que se entere este vocero, que nunca hubo este nivel de endeudamiento familiar en el país, y que fue provocado porque este gobierno destruyó el poder adquisitivo de los ingresos, hizo quebrar a más de 30.000 empresas, hizo perder más de 300.000 puestos de trabajo y puso a la sociedad argentina al borde del abismo. No hay que olvidar que al final del gobierno anterior a Milei, todos los argentinos estábamos mucho mejor que ahora, y no estábamos endeudados. O sí, en aquel momento las deudas eran para viajar, cambiar el auto, o mejorar la vida, y todos comíamos carne.


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