

La 49.ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cerró sus puertas el pasado 12 de mayo tras casi tres semanas de intensa actividad cultural, política y social. Más de un millón de personas recorrieron los pabellones de La Rural para reencontrarse con la palabra escrita, en un contexto nacional atravesado por discursos de odio, políticas de ajuste y una creciente deslegitimación de las expresiones culturales no alineadas con los poderes concentrados.
Frente a ese panorama, la feria no fue solo una celebración de la lectura: se convirtió en una trinchera simbólica. En ese tejido de palabras y resistencias, Acercándonos Ediciones volvió a decir presente con más fuerza que nunca, reafirmando su compromiso con la palabra como acto político.
Estar, resistir, insistir
Nuestra presencia en esta edición no fue una mera formalidad institucional, fue una decisión estratégica y profundamente política. Con un stand ampliado, una programación diversa y una articulación con múltiples proyectos independientes, la editorial se propuso construir un espacio de encuentro, pensamiento crítico y comunidad frente a un contexto que empuja hacia la fragmentación, la desinformación y la apatía.
En un país donde la cultura es atacada desde múltiples frentes —económico, mediático y simbólico-, sostener una propuesta editorial autogestiva es, en sí misma, una forma de resistencia.
Cada libro exhibido, cada autor presente y cada lector que se acercó al stand fue parte de una gesta colectiva por la soberanía del pensamiento.
La fuerza de lo colectivo
Uno de los ejes distintivos del stand fue la confluencia de voces y proyectos que lo habitaron. Lejos de pensar el espacio como una vidriera individual, se propuso una curaduría colectiva que integró a más de mil títulos provenientes de editoriales
hermanas, cooperativas culturales y colectivos pedagógicos.
Se destacó especialmente la presencia de editoriales cubanas, que aportaron materiales valiosos desde una perspectiva histórica, política y emancipadora. Esta colaboración, más allá de lo simbólico, constituyó un puente real con una tradición editorial profundamente comprometida con la soberanía cultural de los pueblos.
También integraron el espacio proyectos como Ventajedrez, que trabaja el juego ciencia como herramienta pedagógica para fortalecer el pensamiento crítico; la Cooperativa Espíritu Guerrero, que articula el juego y el deporte con procesos de inclusión y organización popular; e Imperio, un proyecto que se inscribe en la narrativa contemporánea con apuestas que rompen moldes.
Palabra viva, palabra en acto
Durante toda la feria, Acercándonos desplegó una programación que combinó presentaciones de libros, charlas, recitales de poesía y espacios de debate. Cada una de estas actividades fue pensada no solo como promoción editorial, sino como acciones de intervención cultural.
Uno de los momentos más convocantes fue la presentación de “Cortafuegos. Palabras que arden contra el fascismo”, con Diana Szarazgat y José Salvador Cárcamo y Fernando Darío Roperto en el panel. El libro se transformó en símbolo del rol que aún conserva la palabra impresa frente al avance de discursos autoritarios y excluyentes.
El proyecto Avellaneda Edita, acompañado por Acercándonos, sumó más de treinta autorxs al programa de actividades, entre los que se destacaron voces emergentes y consolidadas de la literatura del conurbano bonaerense y nuestra patagonia. La lectura compartida de sus obras se convirtió en un espacio de comunión, afecto y compromiso social.
Desafíos del sector editorial independiente
Si bien la feria es un espacio de visibilidad y encuentro, también deja expuestas las desigualdades que atraviesan al sector. Mientras los grandes grupos cuentan con enormes stands y presupuestos, las editoriales independientes deben sortear obstáculos económicos, logísticos y de difusión.
En ese sentido, nuestro esfuerzo por sostener un stand amplio y activo representa una hazaña colectiva. La falta de políticas públicas de fomento, los recortes en programas de cultura y educación, y el encarecimiento de los insumos gráficos golpean directamente a los proyectos autogestivos. Aun así, el ecosistema editorial alternativo sigue generando pensamiento, identidad y comunidad.
Un espacio popular, accesible y necesario
Pese al contexto económico adverso, el público volvió a demostrar un apoyo masivo al evento. La Feria implementó medidas de accesibilidad que permitieron una participación más equitativa: entrada gratuita en días hábiles para menores, docentes, jubiladxs y personas con discapacidad, además de vales de descuento y chequelibros
La participación de Riyadh como Ciudad Invitada de Honor trajo consigo propuestas interesantes desde el mundo árabe.
Cultura como derecho, no como mercancía
Desde Acercándonos Ediciones, el balance es profundamente positivo. Más allá de lo económico, el verdadero valor estuvo en haber sostenido un espacio que promovió el pensamiento crítico, la solidaridad y la organización comunitaria.
El libro, lejos de perder vigencia, demostró ser aún un objeto subversivo, un refugio para las ideas, una herramienta de resistencia. Apostar a la palabra impresa —en tiempos de sobreinformación superficial- es una forma de recuperar profundidad, contexto y sentido.
Juventud y nuevas voces: una apuesta al futuro
Una de las presencias más destacadas de este año fue la de jóvenes autorxs, colectivos culturales emergentes y proyectos educativos que eligieron a la feria como espacio de visibilización. Desde fanzines autoeditados hasta narrativas experimentales, se vivió una efervescencia creativa que confirma que el campo cultural está lejos de agotarse.
En ese marco, nuestro trabajo de fue clave como plataforma de circulación y legitimación de nuevas voces que, a menudo, quedan fuera de los grandes circuitos editoriales. Estas propuestas no solo renuevan estéticas y formatos, sino que también interpelan desde temáticas urgentes: feminismos populares, ambientalismo, migración, disidencias sexuales y luchas territoriales.
Lo que sigue: sembrar palabras, sostener la esperanza
La feria ya terminó, pero el trabajo continúa. Renovamos el compromiso de sembrar libros como semillas de transformación social. En un país que vive momentos complejos, donde la cultura popular es atacada y donde la lógica mercantil amenaza con arrasar todo lo que no genera ganancia inmediata, cada libro editado, cada feria sostenida, cada lector conquistado es un acto de amor colectivo.
Seguimos apostando por una cultura viva, inclusiva y emancipadora.
Porque el derecho a la palabra no se negocia. Porque sin cultura no hay futuro. Y porque —como siempre decimos- no renunciamos a la esperanza.
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La 49.ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cerró sus puertas el pasado 12 de mayo tras casi tres semanas de intensa actividad cultural, política y social. Más de un millón de personas recorrieron los pabellones de La Rural para reencontrarse con la palabra escrita, en un contexto nacional atravesado por discursos de odio, políticas de ajuste y una creciente deslegitimación de las expresiones culturales no alineadas con los poderes concentrados.
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