Los Rayos. Malvinas 1982
Julia Martínez
Un relato humano sobre guerra, memoria y soberanía hecho libro y editado por Acercándonos Ediciones


A más de cuatro décadas de la Guerra de Malvinas, el debate sobre la soberanía argentina sigue vigente, alimentado por el testimonio de quienes vivieron el conflicto en primera persona. En "Los Rayos (Malvinas, 1982)", el excombatiente Gabriel Crespo reconstruye, con sensibilidad y sin concesiones, la experiencia cotidiana de un grupo de soldados durante la guerra. Lejos de los relatos épicos o de las simplificaciones, el autor ofrece una mirada profundamente humana sobre el combate, la camaradería, el miedo y la memoria. Conversamos con él sobre su libro, las lecciones de Malvinas y la actualidad del reclamo soberano de nuestra patria.


En el prólogo sostenés que “en Malvinas hubo valientes, hubo cobardes y que reducir la guerra a que “todo estuvo bien” o “todo estuvo mal” es un análisis simplista”. Después de más de cuarenta años, ¿qué aspectos de aquella guerra considerás que la sociedad argentina todavía no ha logrado comprender en toda su complejidad?
— La guerra contra Reino Unido tuvo una diferencia tan grande entre las capacidades de ambos bandos que no sé si hoy día todavía se alcanza a comprender. La historia de David y Goliat sólo ocurre en la mitología. Los invito a ver el documental realizado por el sociólogo Gabriel Roncatti titulado “Malvinas día x día” en You Tube. Después de verlo a más de cuarenta años de lo sucedido todavía descubro cosas nuevas. Entre ellas que los valientes quizás hayan sido más que lo que yo suponía.

A lo largo del libro se describe con gran detalle las dificultades logísticas, el clima, el equipamiento y la vida cotidiana de los soldados. ¿Qué enseñanza histórica crees que debería extraer cualquier lector sobre las condiciones reales en las que combatieron los conscriptos argentinos?
— Saber que un ejército tiene que tener un alto grado de capacitación y profesionalismo. Es una locura enviar civiles al frente de batalla. Aún así, hubo muchos soldados argentinos que demostraron un enorme valor. No se puede ir a una guerra sin una infraestructura y logística adecuada pero qué se le puede pedir a un país que ni siquiera tiene la capacidad de mantener sus rutas y ferrocarriles en buenas condiciones? De todas maneras, aunque tuviéramos unas fuerzas armadas altamente capacitadas nunca estaríamos a la altura de combatir contra grandes potencias. Nuestro poder sólo serviría para competir contra países de la región similares a nosotros. Entonces no tiene sentido gastar fortunas en defensa si lo que tenemos que hacer con los países hermanos es buscar la unión, no la confrontación. Costa Rica no tiene fuerzas armadas y viven en paz y muy bien. Aún así, en el caso de querer tener fuerzas armadas para defensa de nuestra tierra en caso de agresión externa, en el “mientras tanto” en tiempos de paz les asignaría tareas útiles e integradoras a la sociedad.


El libro distingue claramente entre la causa de la soberanía sobre las Islas Malvinas y las responsabilidades de quienes condujeron la guerra. ¿Cómo crees que debería abordarse hoy el reclamo de soberanía para que no quede condicionado por los errores de 1982?
— Sin duda alguna el reclamo debe ser siempre por la vía diplomática. Pero esto no significa que sea solo retórica. Que los 2 de abril se hagan actos y se cante el himno. Sólo enunciar enfáticamente que las Malvinas son argentinas no sirve. Menos cuando algunas acciones de gobierno se dirigen exactamente en el camino opuesto. Como con la pretendida modificación a la Ley de Tierras, por ejemplo. Ya no se va a necesitar fuerza bélica para perderlas definitivamente. Bastaría con que un grupo de inversores extranjeros las adquiriera por un módico precio. Y no solo Malvinas.


En un contexto internacional muy distinto al de 1982, ¿considerás que la Cuestión Malvinas sigue siendo un tema estratégico para la Argentina? ¿Qué papel deberían desempeñar la diplomacia, la integración regional y la memoria histórica en ese reclamo?
— Malvinas siempre serán un tema estratégico por la riqueza de recursos naturales que las rodean. Además del posicionamiento geográfico con respecto a la Antártida. La diplomacia debería desarrollar una tarea política coherente y de continuidad ante foros internacionales independientemente del gobierno de turno. La integración regional se encuentra debilitada. Me sorprende el nivel de compenetración de las generaciones más jóvenes y creo que eso se debe al trabajo de la docencia.


Vos contás que comenzaste a escribir apenas regresaste de la guerra, pero retomaste el manuscrito seis años después porque sentías que el tiempo modificaba los recuerdos y las emociones. ¿Qué fue lo más difícil de revivir al transformar esas vivencias en un libro?
— No me resultó difícil revivir aquello. Pero sí útil, porque hoy después de tanto tiempo los recuerdos empiezan a borrarse y leer el libro de vez en cuando, a mis camaradas y a mí nos permite mantener vivo el recuerdo de los sucesos.


Una de las cosas que más conmueve del libro es la importancia que adquiere la amistad entre “Los Rayos”. Si hoy tuvieras que definir en una sola palabra lo que significó ese grupo para atravesar la guerra, ¿cuál elegirías y por qué?
— Unión. Fue lo que nos permitió soportar la presión psicológica del momento.


— ¿Qué opinión te merece el gesto del seleccionado argentino enarbolando la bandera de Malvinas en el partido contra Inglaterra?
— No me parece que una competencia deportiva sea el ámbito para manifestaciones políticas. Nunca me gustó el patriotismo que se pretende demostrar a través del fútbol. Yo no participo de la euforia de los mundiales. Y muchos que no me conocen me miran como un “antipatria” y creo que tengo para demostrar que no soy eso. Para mí el patriotismo pasa por otro lugar. No es sólo cantar el himno y gritar por la selección. El patriotismo pasa por las acciones de todos los días.


Este libro está dedicado tanto a quienes quedaron en las islas como a quienes regresaron. ¿Qué mensaje te gustaría que recibieran los jóvenes que no vivieron la guerra sobre Malvinas, la soberanía argentina y la responsabilidad de mantener viva esa memoria colectiva?
— Qué si bien fue una guerra oportunista con el objetivo de salvar al gobierno de turno, también la guerra de Malvinas fue un paso importante para acelerar el regreso a la democracia. Y de eso me siento orgullosamente partícipe. Y que la causa de fondo de Malvinas fue justa. Fuimos a defender lo nuestro. Es de vital importancia intentar unir a América latina para poder
ser verdaderamente independientes. Ya lo sabían nuestros próceres. Y la causa Malvinas es parte de eso.

A más de cuatro décadas de la Guerra de Malvinas, el debate sobre la soberanía argentina sigue vigente, alimentado por el testimonio de quienes vivieron el conflicto en primera persona. En "Los Rayos (Malvinas, 1982)", el excombatiente Gabriel Crespo reconstruye, con sensibilidad y sin concesiones, la experiencia cotidiana de un grupo de soldados durante la guerra. Lejos de los relatos épicos o de las simplificaciones, el autor ofrece una mirada profundamente humana sobre el combate, la camaradería, el miedo y la memoria. Conversamos con él sobre su libro, las lecciones de Malvinas y la actualidad del reclamo soberano de nuestra patria.


En el prólogo sostenés que “en Malvinas hubo valientes, hubo cobardes y que reducir la guerra a que “todo estuvo bien” o “todo estuvo mal” es un análisis simplista”. Después de más de cuarenta años, ¿qué aspectos de aquella guerra considerás que la sociedad argentina todavía no ha logrado comprender en toda su complejidad?
— La guerra contra Reino Unido tuvo una diferencia tan grande entre las capacidades de ambos bandos que no sé si hoy día todavía se alcanza a comprender. La historia de David y Goliat sólo ocurre en la mitología. Los invito a ver el documental realizado por el sociólogo Gabriel Roncatti titulado “Malvinas día x día” en You Tube. Después de verlo a más de cuarenta años de lo sucedido todavía descubro cosas nuevas. Entre ellas que los valientes quizás hayan sido más que lo que yo suponía.

A lo largo del libro se describe con gran detalle las dificultades logísticas, el clima, el equipamiento y la vida cotidiana de los soldados. ¿Qué enseñanza histórica crees que debería extraer cualquier lector sobre las condiciones reales en las que combatieron los conscriptos argentinos?
— Saber que un ejército tiene que tener un alto grado de capacitación y profesionalismo. Es una locura enviar civiles al frente de batalla. Aún así, hubo muchos soldados argentinos que demostraron un enorme valor. No se puede ir a una guerra sin una infraestructura y logística adecuada pero qué se le puede pedir a un país que ni siquiera tiene la capacidad de mantener sus rutas y ferrocarriles en buenas condiciones? De todas maneras, aunque tuviéramos unas fuerzas armadas altamente capacitadas nunca estaríamos a la altura de combatir contra grandes potencias. Nuestro poder sólo serviría para competir contra países de la región similares a nosotros. Entonces no tiene sentido gastar fortunas en defensa si lo que tenemos que hacer con los países hermanos es buscar la unión, no la confrontación. Costa Rica no tiene fuerzas armadas y viven en paz y muy bien. Aún así, en el caso de querer tener fuerzas armadas para defensa de nuestra tierra en caso de agresión externa, en el “mientras tanto” en tiempos de paz les asignaría tareas útiles e integradoras a la sociedad.


El libro distingue claramente entre la causa de la soberanía sobre las Islas Malvinas y las responsabilidades de quienes condujeron la guerra. ¿Cómo crees que debería abordarse hoy el reclamo de soberanía para que no quede condicionado por los errores de 1982?
— Sin duda alguna el reclamo debe ser siempre por la vía diplomática. Pero esto no significa que sea solo retórica. Que los 2 de abril se hagan actos y se cante el himno. Sólo enunciar enfáticamente que las Malvinas son argentinas no sirve. Menos cuando algunas acciones de gobierno se dirigen exactamente en el camino opuesto. Como con la pretendida modificación a la Ley de Tierras, por ejemplo. Ya no se va a necesitar fuerza bélica para perderlas definitivamente. Bastaría con que un grupo de inversores extranjeros las adquiriera por un módico precio. Y no solo Malvinas.


En un contexto internacional muy distinto al de 1982, ¿considerás que la Cuestión Malvinas sigue siendo un tema estratégico para la Argentina? ¿Qué papel deberían desempeñar la diplomacia, la integración regional y la memoria histórica en ese reclamo?
— Malvinas siempre serán un tema estratégico por la riqueza de recursos naturales que las rodean. Además del posicionamiento geográfico con respecto a la Antártida. La diplomacia debería desarrollar una tarea política coherente y de continuidad ante foros internacionales independientemente del gobierno de turno. La integración regional se encuentra debilitada. Me sorprende el nivel de compenetración de las generaciones más jóvenes y creo que eso se debe al trabajo de la docencia.


Vos contás que comenzaste a escribir apenas regresaste de la guerra, pero retomaste el manuscrito seis años después porque sentías que el tiempo modificaba los recuerdos y las emociones. ¿Qué fue lo más difícil de revivir al transformar esas vivencias en un libro?
— No me resultó difícil revivir aquello. Pero sí útil, porque hoy después de tanto tiempo los recuerdos empiezan a borrarse y leer el libro de vez en cuando, a mis camaradas y a mí nos permite mantener vivo el recuerdo de los sucesos.


Una de las cosas que más conmueve del libro es la importancia que adquiere la amistad entre “Los Rayos”. Si hoy tuvieras que definir en una sola palabra lo que significó ese grupo para atravesar la guerra, ¿cuál elegirías y por qué?
— Unión. Fue lo que nos permitió soportar la presión psicológica del momento.


— ¿Qué opinión te merece el gesto del seleccionado argentino enarbolando la bandera de Malvinas en el partido contra Inglaterra?
— No me parece que una competencia deportiva sea el ámbito para manifestaciones políticas. Nunca me gustó el patriotismo que se pretende demostrar a través del fútbol. Yo no participo de la euforia de los mundiales. Y muchos que no me conocen me miran como un “antipatria” y creo que tengo para demostrar que no soy eso. Para mí el patriotismo pasa por otro lugar. No es sólo cantar el himno y gritar por la selección. El patriotismo pasa por las acciones de todos los días.


Este libro está dedicado tanto a quienes quedaron en las islas como a quienes regresaron. ¿Qué mensaje te gustaría que recibieran los jóvenes que no vivieron la guerra sobre Malvinas, la soberanía argentina y la responsabilidad de mantener viva esa memoria colectiva?
— Qué si bien fue una guerra oportunista con el objetivo de salvar al gobierno de turno, también la guerra de Malvinas fue un paso importante para acelerar el regreso a la democracia. Y de eso me siento orgullosamente partícipe. Y que la causa de fondo de Malvinas fue justa. Fuimos a defender lo nuestro. Es de vital importancia intentar unir a América latina para poder
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