

La Nación Argentina arribó a un final de ciclo económico y social y su Gobierno Nacional no se ha enterado, como así tampoco un porcentaje importante de sus dirigentes políticos, económicos y sociales, o si se enteraron y no les interesa, pues creen que podrán mantener el control político del país con represión, con trabas a la actividad parlamentaria y con la complicidad de un sector minoritario del Poder Judicial y de los medios del mundo periodístico.
Es imposible que lo logren por mucho tiempo más, lo impiden la inflación real que se produce y que no refleja el INDEC porque no aplica la nueva ponderación de los servicios o productos en la canasta básica, ponderación elaborada por el organismo hace casi un año y supervisada y aprobada incluso por los técnicos del FMI.
No se aplica por orden expresa del Presidente Milei, si se aplicará la inflación acumulada de julio del 2024 a julio del 2025 sería aproximadamente de un 30% más, maniobra que es un fraude estadístico pero que no impide que los ciudadanos sepan la realidad de la inflación real cuando viajan o cuando realizan compras diversas. Como así también lo impiden los ajustes profundos a los salarios que contribuyen mes a mes en el aumento del índice de pobreza e indigencia y un descenso permanente de la clase media a la pobreza. Suma a las causas que provocan este fin de ciclo la desfinanciación del aparato previsional que ha sumido al 85% de los jubilados y pensionados en un estado de pobreza extrema o en la indigencia, el descontento creciente del muy numeroso mundo de las Universidades Nacionales a las que la falta de fondos que deberían haber provisto Milei y Caputo que las pone en situación de cierre de las actividades académicas y de investigaciones científicas y del funcionamiento de los hospitales abiertos a toda la comunidad.
Tampoco contribuye al mantenimiento estático del ciclo actual el deterioro de la salud pública incluimos en ella a los establecimientos hospitalarios de las fuerzas armadas en grave conflicto con el Gobierno Nacional, lo que provoca un malestar creciente en dichas fuerzas y en especial no hay que olvidar el problema presupuestario con repercusión nacional del Hospital Garraham.
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En cuanto al campo específicamente económico la situación es insostenible, cosa que niega el gobierno sistemáticamente, las reservas del BCRA están en rojo y las posibilidades de ingreso de nuevas divisas a su tesoro son escasas, la renovación de letras del tesoro en moneda nacional no llegan a cubrir los vencimientos y la demanda de moneda extranjera por parte de las empresas y particulares aumentan día a día. Principalmente no hay que olvidar mencionar que en este fin de ciclo es determinante la Deuda Bruta Nacional que al mes de julio del 2025 es de 465.355 millones de dólares, genera intereses anuales de 35.000 millones de dólares provenientes de los intereses de la deuda en moneda extranjera y en moneda nacional pero expresada en dólares, esta deuda la Argentina la tiene con una diversidad de acreedores, con fechas de vencimientos disímiles y superpuestos y con tasas muy altas. El pago es de cumplimiento imposible, aún más es imposible el pago de sus intereses, tengamos en cuenta que el País desde el 2002 al segundo semestre del 2025 ha tenido un promedio anual de Superávit de su balanza comercial del comercio exterior de 6.681 millones de dólares anuales, para superar este promedio habría que aumentar las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario e industrial y las provenientes de combustibles y energía, llevando al promedio anual del superávit a los 40.000 millones. Esto no se puede dar dentro de la política económica del gobierno que desprotege a la industria nacional y fomenta el compre extranjero, interrumpe las obras públicas necesarias para el desarrollo industrial, tiene el valor de dólar subvaluado y sierra entes estatales estratégicos para la seguridad y defensa nacional, para la industria y la producción agrícola ganadera. Para poner fin a la pesadilla de la Deuda Bruta Nacional la República Argentina debe de replantear su geopolítica ingresando a los BRICS, desde allí replantear una nueva matriz de la Deuda Pública Nacional, con 2 años de gracia para el pago de intereses similares a los que pagan los EE.UU. por sus letras del Tesoro a China, lo que a la Argentina le significaría un ahorro de 14.000 millones de dólares anuales, con plazos de vencimientos de la deuda escalonados en 50 años y pagaderos a partir del quinto año de la firma del nuevo convenio. Estos plazos de gracia y vencimientos son necesarios para la reorganización del aparato productivo y la de los organismos de fiscalización impositiva para cortar de raíz la evasión impositiva que es un flagelo de tal magnitud que el Banco Mundial opinó que en la Argentina la evasión fiscal es igual al déficit nacional, fiscalización que en la era Milei no existe. La Nación puede recurrir como garantía de la nueva deuda colocando como garantía de su pago a sus reservas estratégicas naturales que superan 10 veces a la deuda, con acuerdo parlamentario y de las Provincias. Dentro de otras muchas medidas de gobierno a tomar se tiene que proteger a la industria nacional colocando aranceles especiales a los productos importados que se fabriquen en el país y realizar las reformas necesarias en materia impositiva a los efectos de impedir la evasión y bajar las cargas fiscales al consumo y coparticipar a las provincias en forma equitativa a su población, producción y particularidades de todos los Ingresos del Gobierno Nacional. Estamos ante un fin de ciclo de la Argentina, si no organizamos el nuevo ciclo y entramos en el mismo, el país corre el peligro de entrar en una grave crisis institucional, económica y social que la lleve a su división por regiones significando ello el fin de la República Argentina como la conocemos y es actualmente. |
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