La mentira del equilibrio fiscal y la deflación
Julián Denaro
¿Quién se está quedando con la plata del conjunto del pueblo?



Supongamos que para vivir bien, o decentemente al menos, usted tiene un presupuesto de gasto de 2 millones de pesos por mes. Para ello, recibe un ingreso equivalente, el cual está compuesto por 10 clientes, trabajos o empresas que le pagan $100.000 cada uno, más 5 empresas poderosas que le aportan $200.000 cada una, todo lo cual suma los 2 millones necesarios. Pero si luego los 5 más poderosos pretenden acordar favores mutuos con usted y le prometen que se los van a conceder sólo en el caso de que les deje de cobrar los $200.000 a cada uno, usted pasaría a cobrar, al menos transitoriamente, la mitad de lo que necesita, ya que el millón compuesto por los 5 poderosos que le pagaban $200.000 cada uno no los percibe más, y sólo le quedó el millón proveniente del cobro a los 10 no poderosos de los cuales recibe $100.000 de cada uno.

En consecuencia, usted tiene que disminuir su gasto a un millón, dado que ya no recibe dos millones como antes. Así, reduce todo lo que puede y logra un equilibrio nuevamente. Pero esta nueva situación es claramente menos beneficiosa que la anterior, ya que ha achicado su nivel de vida a la mitad, por cuanto no puede estar contento de que está en equilibrio. Usted está peor que antes, mucho peor.

Ahora entiéndase lo siguiente. Cuando el gobierno de Milei dejó de cobrarle impuestos a los sectores más ricos a cambio de favores personales, apoyo político, blindaje mediático y protección jurídica, debió reducir el gasto público, ya que se le redujeron sustancialmente los ingresos tributarios. Dicha mengua consistió en una dolorosa reducción del presupuesto a salud, educación, ciencia, tecnología, desarrollo, industria, obra pública, infraestructura, industria del conocimiento aplicado, despliegue satelital, generación de energía nuclear, quitarle los medicamentos gratuitos a los jubilados y a los enfermos de cáncer, eliminar la distribución de medicamentos para tratamientos paliativos que disminuyen el sufrimiento de los enfermos terminales, discontinuar programas esenciales para inclusión social, progreso académico y laboral y estimulación de la movilidad social ascendente tales como Progresar, Fines y Conectar Igualdad, entrega de cunitas a los bebés nacidos en hogares de bajos recursos, etcétera. ¿Queda claro a quiénes le dieron la plata y a quiénes se la sacaron?

Dentro de los favores a compartir entre los poderosos, el sector financiero, y el gobierno de Milei estaba el modelo de valorización financiera. Esto es, el enriquecimiento de ellos mismos, el sector financiero, sin producir nada, sólo enriquecimiento para ellos. Procede así: ingresan dólares al sistema, cambiarlos por pesos, con esos pesos adquirir bonos del Estado Argentino que pagan jugosos intereses, y luego cuando esos montos de dinero se ampliaron lo deseado vuelven a comprar dólares y los fugan del país. La pregunta es: ¿Cómo sacan del país más dólares de los que ingresaron si no produjeron nada? La respuesta es: se la están robando al pueblo argentino en dos etapas.

Primero con los intereses que les paga el Estado Argentino a los bonos que compraron y segundo con la venta de dólares que si no son producidos se obtienen de endeudamiento externo. En este caso, del FMI.

Pero atención, porque esos intereses que hay que pagar aumentan el presupuesto de gasto. Entonces, volviendo al ejemplo numérico anterior, ahora hay que gastar un millón para vivir menos bien que con dos millones, pero agregarle medio millón a los intereses que constituyen la ganancia del capital financiero. Pero claro, como no se le puede cobrar a los poderosos, entonces se le cobra a los no poderosos. Los 5 poderosos que pagaban $200.000 dejaron de pagar para siempre porque son los dueños del juego, así que ahora los 10 no poderosos que pagaban $100.000 ahora deberán pagan $150.000, alcanzando el millón y medio del nuevo equilibrio.

Así operó el gobierno de Milei: le bajó los impuestos a los poderosos pero aumentó los impuestos al conjunto del pueblo, lo que incluye los tarifazos que transformaron los servicios en impagables para las familias, las industrias, las fábricas, los comercios, los negocios, los jubilados, los más vulnerables, la clase media, todos, menos los poderosos que ya no pagan. En síntesis, el disfraz de equilibrio significa un saqueo, un robo, un afano, ejecutado por parte del sector financiero al conjunto del pueblo.

La cuenta es muy fácil de demostrar, ya que el PBI en la Argentina sigue siendo cercano a los 630.000 millones de dólares. Por tanto, el total de ingresos en el país es el mismo. Entonces, si los trabajadores, los talleres, las industrias, las fábricas, las familias somos más pobres, es porque un sector concentrado se quedó con la plata del conjunto del pueblo. En síntesis, se concentró la riqueza y el ingreso a toda velocidad.



Y si alguno se pregunta cómo puede ser que el PBI sea el mismo luego de la destrucción de Milei, recuérdese que el año 2023 padeció la mayor sequía de nuestra historia. Por consiguiente, ese 25% del PBI que recuperó el sector agropecuario compensó el 25% que se destruyó de la producción. ¿Hiciste la cuenta? Nos robaron 150.000 millones de dólares de un saque más el efecto de la concentración de lo que quedó.

Y hablando de concentración de poder económico, político y financiero, téngase presente que tan sólo 849 personas físicas poseen tierras de más de 20.000 hectáreas, mientras existen más de 300.000 familias productoras que no tienen tierras en un país con 150 millones de hectáreas productivas. Evidentemente, este asunto debe ser atendido urgentemente, estudiarlo y comprenderlo históricamente para lograr reparar sobre sobre semejante injusticia e inequidad. No puede ser que los herederos de las conquistas bañadas en sangre alquilen sus tierras a familias productoras que apenas tienen para comer, mientras ellos se pasean en cruceros lujosos por el mundo sin trabajar. Esto debe ser modificado si Argentina pretende ser un país justo, inclusivo, soberano y grandioso como corresponde.

Mientras tanto, parte de la sociedad se cree el cuento de que la desaceleración de la inflación es por mérito del gobierno a partir del equilibrio fiscal y la eliminación de la emisión monetaria. Sin embargo y por el contrario, ha quedado en evidencia que el asunto fiscal es una mentira alevosa y que se ha emitido sistemáticamente para favorecer al sistema financiero. Pero igualmente, aún si hubiese una condición de equilibrio fiscal y ausencia de emisión, ¿qué pasaría si de repente sube el precio del dólar? Obviamente, suben los precios. Por ende, se deduce de manera incontrovertible que dejar el precio del dólar quieto es la estrategia más determinante para aquietar las subas de precios.

Precisamente, se impone destacar que el dólar quieto lo han mantenido con un megaendeudamiento monstruoso. De no ser por los préstamos del FMI, el precio del dólar habría ascendido significativamente, agitando la espiral inflacionaria de modo indetenible.

Pero claro, a la pregunta de por qué nos prestan, se destaca que también responde a intereses externos al pueblo argentino. Esto es, nos prestan porque al endeudarnos nos pretenden asfixiar para que cuando no tengamos cómo pagar, exigirnos la entrega de nuestros recursos, nuestras riquezas y hasta nuestro territorio. Y para quienes recuerdan la inflación del último año de Alberto Fernández debe reiterarse que la misma fue producida por las presiones del FMI. Pero justamente al fondo no lo trajo Alberto, lo trajo Macri en 2018 después de 15 años de no deberle absolutamente nada. Su ministro era Caputo, el mismo de Milei.

Es todo mentira, pero si fuese verdad que estuviesen preocupados por el equilibrio fiscal, ¿no fue el gobierno de Milei que dejó de cobrarle a los poderosos y que amplió el gasto dirigido a las ganancias del sector financiero? ¿Cómo hay gente que todavía les cree?


Supongamos que para vivir bien, o decentemente al menos, usted tiene un presupuesto de gasto de 2 millones de pesos por mes. Para ello, recibe un ingreso equivalente, el cual está compuesto por 10 clientes, trabajos o empresas que le pagan $100.000 cada uno, más 5 empresas poderosas que le aportan $200.000 cada una, todo lo cual suma los 2 millones necesarios. Pero si luego los 5 más poderosos pretenden acordar favores mutuos con usted y le prometen que se los van a conceder sólo en el caso de que les deje de cobrar los $200.000 a cada uno, usted pasaría a cobrar, al menos transitoriamente, la mitad de lo que necesita, ya que el millón compuesto por los 5 poderosos que le pagaban $200.000 cada uno no los percibe más, y sólo le quedó el millón proveniente del cobro a los 10 no poderosos de los cuales recibe $100.000 de cada uno.

En consecuencia, usted tiene que disminuir su gasto a un millón, dado que ya no recibe dos millones como antes. Así, reduce todo lo que puede y logra un equilibrio nuevamente. Pero esta nueva situación es claramente menos beneficiosa que la anterior, ya que ha achicado su nivel de vida a la mitad, por cuanto no puede estar contento de que está en equilibrio. Usted está peor que antes, mucho peor.

Ahora entiéndase lo siguiente. Cuando el gobierno de Milei dejó de cobrarle impuestos a los sectores más ricos a cambio de favores personales, apoyo político, blindaje mediático y protección jurídica, debió reducir el gasto público, ya que se le redujeron sustancialmente los ingresos tributarios. Dicha mengua consistió en una dolorosa reducción del presupuesto a salud, educación, ciencia, tecnología, desarrollo, industria, obra pública, infraestructura, industria del conocimiento aplicado, despliegue satelital, generación de energía nuclear, quitarle los medicamentos gratuitos a los jubilados y a los enfermos de cáncer, eliminar la distribución de medicamentos para tratamientos paliativos que disminuyen el sufrimiento de los enfermos terminales, discontinuar programas esenciales para inclusión social, progreso académico y laboral y estimulación de la movilidad social ascendente tales como Progresar, Fines y Conectar Igualdad, entrega de cunitas a los bebés nacidos en hogares de bajos recursos, etcétera. ¿Queda claro a quiénes le dieron la plata y a quiénes se la sacaron?

Dentro de los favores a compartir entre los poderosos, el sector financiero, y el gobierno de Milei estaba el modelo de valorización financiera. Esto es, el enriquecimiento de ellos mismos, el sector financiero, sin producir nada, sólo enriquecimiento para ellos. Procede así: ingresan dólares al sistema, cambiarlos por pesos, con esos pesos adquirir bonos del Estado Argentino que pagan jugosos intereses, y luego cuando esos montos de dinero se ampliaron lo deseado vuelven a comprar dólares y los fugan del país. La pregunta es: ¿Cómo sacan del país más dólares de los que ingresaron si no produjeron nada? La respuesta es: se la están robando al pueblo argentino en dos etapas.

Primero con los intereses que les paga el Estado Argentino a los bonos que compraron y segundo con la venta de dólares que si no son producidos se obtienen de endeudamiento externo. En este caso, del FMI.

Pero atención, porque esos intereses que hay que pagar aumentan el presupuesto de gasto. Entonces, volviendo al ejemplo numérico anterior, ahora hay que gastar un millón para vivir menos bien que con dos millones, pero agregarle medio millón a los intereses que constituyen la ganancia del capital financiero. Pero claro, como no se le puede cobrar a los poderosos, entonces se le cobra a los no poderosos. Los 5 poderosos que pagaban $200.000 dejaron de pagar para siempre porque son los dueños del juego, así que ahora los 10 no poderosos que pagaban $100.000 ahora deberán pagan $150.000, alcanzando el millón y medio del nuevo equilibrio.

Así operó el gobierno de Milei: le bajó los impuestos a los poderosos pero aumentó los impuestos al conjunto del pueblo, lo que incluye los tarifazos que transformaron los servicios en impagables para las familias, las industrias, las fábricas, los comercios, los negocios, los jubilados, los más vulnerables, la clase media, todos, menos los poderosos que ya no pagan. En síntesis, el disfraz de equilibrio significa un saqueo, un robo, un afano, ejecutado por parte del sector financiero al conjunto del pueblo.

La cuenta es muy fácil de demostrar, ya que el PBI en la Argentina sigue siendo cercano a los 630.000 millones de dólares. Por tanto, el total de ingresos en el país es el mismo. Entonces, si los trabajadores, los talleres, las industrias, las fábricas, las familias somos más pobres, es porque un sector concentrado se quedó con la plata del conjunto del pueblo. En síntesis, se concentró la riqueza y el ingreso a toda velocidad.



Y si alguno se pregunta cómo puede ser que el PBI sea el mismo luego de la destrucción de Milei, recuérdese que el año 2023 padeció la mayor sequía de nuestra historia. Por consiguiente, ese 25% del PBI que recuperó el sector agropecuario compensó el 25% que se destruyó de la producción. ¿Hiciste la cuenta? Nos robaron 150.000 millones de dólares de un saque más el efecto de la concentración de lo que quedó.

Y hablando de concentración de poder económico, político y financiero, téngase presente que tan sólo 849 personas físicas poseen tierras de más de 20.000 hectáreas, mientras existen más de 300.000 familias productoras que no tienen tierras en un país con 150 millones de hectáreas productivas. Evidentemente, este asunto debe ser atendido urgentemente, estudiarlo y comprenderlo históricamente para lograr reparar sobre sobre semejante injusticia e inequidad. No puede ser que los herederos de las conquistas bañadas en sangre alquilen sus tierras a familias productoras que apenas tienen para comer, mientras ellos se pasean en cruceros lujosos por el mundo sin trabajar. Esto debe ser modificado si Argentina pretende ser un país justo, inclusivo, soberano y grandioso como corresponde.

Mientras tanto, parte de la sociedad se cree el cuento de que la desaceleración de la inflación es por mérito del gobierno a partir del equilibrio fiscal y la eliminación de la emisión monetaria. Sin embargo y por el contrario, ha quedado en evidencia que el asunto fiscal es una mentira alevosa y que se ha emitido sistemáticamente para favorecer al sistema financiero. Pero igualmente, aún si hubiese una condición de equilibrio fiscal y ausencia de emisión, ¿qué pasaría si de repente sube el precio del dólar? Obviamente, suben los precios. Por ende, se deduce de manera incontrovertible que dejar el precio del dólar quieto es la estrategia más determinante para aquietar las subas de precios.

Precisamente, se impone destacar que el dólar quieto lo han mantenido con un megaendeudamiento monstruoso. De no ser por los préstamos del FMI, el precio del dólar habría ascendido significativamente, agitando la espiral inflacionaria de modo indetenible.

Pero claro, a la pregunta de por qué nos prestan, se destaca que también responde a intereses externos al pueblo argentino. Esto es, nos prestan porque al endeudarnos nos pretenden asfixiar para que cuando no tengamos cómo pagar, exigirnos la entrega de nuestros recursos, nuestras riquezas y hasta nuestro territorio. Y para quienes recuerdan la inflación del último año de Alberto Fernández debe reiterarse que la misma fue producida por las presiones del FMI. Pero justamente al fondo no lo trajo Alberto, lo trajo Macri en 2018 después de 15 años de no deberle absolutamente nada. Su ministro era Caputo, el mismo de Milei.

Es todo mentira, pero si fuese verdad que estuviesen preocupados por el equilibrio fiscal, ¿no fue el gobierno de Milei que dejó de cobrarle a los poderosos y que amplió el gasto dirigido a las ganancias del sector financiero? ¿Cómo hay gente que todavía les cree?


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