Jesús Quintero, el perro verde. La voz de los solitarios
Por Sergio Kisielewsky
En un libro reunió sus charlas con hombres presos y marginados de la sociedad


Lo define como una aventura pero en realidad son entrevistas a hombres y mujeres que se encuentran presos.
Está el hombre que mató a dos marqueses y le mandó una carta diciéndole que antes de suicidarse quería condenar a la justicia, la española por televisión.
Quintero fue al penal. Realizó la entrevista. Compartió con el preso comidas, cigarrillos y paseos por el patio de la cárcel y a la semana de ser emitida la entrevista por la TV el preso apareció ahorcado en su celda.
Viajó a la Argentina para entrevistar a Robledo Puch, acusado de doce asesinatos.
Lo entrevistó en la cárcel de Sierra Chica.
Para Jesús Quintero el muchacho al que llamaban chacal tenía en verdad un parecido a Tasio el personaje de la película “Muerte en Venecia”.
Estaba en una celda de dos por uno y medio con una Biblia entre las manos.
“Tuve la sensación de que a Robledo Pucho le metieron ocho asesinatos más de los que cometió, pero es una impresión” dice Quintero como al pasar.
Durante diez años no pudo realizar su trabajo en las cárceles hasta que el ministerio de Justicia le autorizó a recomenzar la tarea.
La primera entrevista que presentó fue la que le realizó a Liberto. Un hombre que todas las mañanas frente a la Universidad de Madrid da discursos filosóficos.
Liberto considera que fue seis veces Premio Nobel. Cuando le propuso la entrevista contestó que “se lo tenía que pensar”.
A los 20 días apareció con las preguntas y respuestas y Jesús Quintero no se animó a contradecir al hombre que portaba tantos títulos nobiliarios.
“No se trata de andar por la vida reclamando ni tampoco exigiendo, se trata de andar por la vida posibilitando...atletas de la vida defendedla” dice Liberto a los gritos.
“La democracia es un bien del alma. Estoy contra los desalmados” agrega mientras sudaba frente a las cámaras.
Al día siguiente de emitirse el programa Liberto fue sacado de la puerta de la Universidad.
Durante cuatro meses Jesús Quintero entrevistó a 140 presos en cuarenta cárceles españolas.
Escovelo, otro reo, le escribe :”Estoy en una situación muy desesperada.
He agotado todas las vías y todos los recursos y algo tan fundamental como es la esperanza.



La justicia y la institución penitenciaria me niegan absolutamente todo. No puedo soportar ya más”.
La esperanza de dar con Quintero es una última posibilidad de vida.
Escovelo fuma. Sus ojos esperan las cámaras de la TV como quien espera ver el mar, los hijos o la libertad.
“Quiero denunciarles, quiero vivir” escribe.
“El prisionero debe ser tratado sin sufrimiento alguno” dice las Naciones Unidas.
Bibliotecas, hemerotecas, directores de cárceles, fueron creando su ruta de entrevistados.
Hasta que dio con el mendigo asesino que mató a 14 personas.
Estaba en un psiquiátrico, salía, se iba a las puertas de las iglesias tomaba Roinol con coñac. Buscaba su presa y mataba.
Quintero cree que están aquellos que el destino, la mala suerte o alguien se los llevó a la cárcel.
Los hijos del agobio, del hambre y la necesidad que pueblan el 90 por ciento de las prisiones también fueron entrevistados.
Vuelve a los casos seriales.
Como el marinero vasco Ramón Lijo que quemó vivos a su amante y a un amigo de ambos.
Su ley era la antigua ley del Talión: el que la hace, la paga. Fue en el verano de 1982.
Los tenia amenazado con un cuchillo y los ató y desató en varias ocasiones.
Según Lijo sus víctimas le quemaron unos documentos y él decidió responder con la misma moneda.
Los ató a una cama, los roció con gasolina y les prendió fuego.
Momentos antes de ejecutar su crimen el combustible comenzó a picarle los ojos al hombre y el verdugo le desató una mano y le alcanzó una toalla.
“Me gusta respetar la vida y no me gustaba verlo sufrir por la picazón” dice Lijo en medio de una barba crecida.
También hace su relato Juan Azencio, el hombre que dirigía todos los prostíbulos de Almería. Acusado de traficante, de haber matado a su mujer y a un ciudadano belga con tres tiros de calibre 38 fue condenado a 20 años de cárcel.
En la entrevista con Quintero, Azencio confiesa que perdió el control y golpea su mano contra la mesa.
El preso dice que no confía en la justicia terrenal pero sí en la divina que es lo que lo mantiene fuerte. Lo dice mientras pierde su mirada en un punto fijo del espacio, lo dice como en un discurso.
Quintero dice que hay un antes y un después del libro.
El miedo comienza a instalarse en su vida.
Después de entrevistar a estrellas del deporte, el cine, presidentes, ministros, escritores, poetas,el loco de la colina o el perro verde se encontró con el mundo de la cárcel.
Entre sus preferencias se encuentra Alfredo Evangelista, nacido en el Uruguay de profesión boxeador y el Mellado que conoció las cárceles franquistas y vio como a un hombre le sacaban el corazón.
El Mellado tiene una gorriona a quien cuidar. La bautizó “putilla”.
Protagonizó motines y fugas. Vio morir a su mejor amigo en un ajuste de cuentas entre presos.
Entró analfabeto a la cárcel y dio el ingreso a la universidad. Es andaluz, de Jaen y se llama Rafael López Moreno.
Contrajo el tifus que trasmiten las ratas.
Hay muchos inocentes en las cárceles como la maestra argentina que se enamoró de un porteño que le entregó un maletín con diez kilos de cocaína.
Se cansó de entrevistar a gente que va a la televisión a vender un libro, un cuadro.
“Todos corremos el riesgo de estar en la cárcel y los que están condenados a mas de 20 años de reclusión no tienen nada que ocultar.” dice Jesús y prende un cigarrillo.
Chicos que por robar un coche le dieron 18 años y luego el proceso judicial se complica en la cárcel.
En las penitenciarias se pasa droga con mucha facilidad. Los presos hablan siempre de lo que van a hacer cuando salgan.
“Cuando entrevistaba a los verdugos me acordaba de las víctimas. Nadie sabe lo que es un día sin libertad hasta que se lo conoce” dice Quintero y hace una pausa.
El humor también circula en el ámbito carcelario.
El caso de la presa que asaltó tres estaciones de servicio y hacía un curso para trabajar en una estación de servicio.
O el caso de un chantajista que cuando estaban todos los móviles y técnicos preparados para la entrevista pidió 20 millones de pesetas y Quintero le ofreció una moto.
“Son como pequeños hoteles- dijo de las cárceles de mujeres -de no sé cuantas estrellas. Son mas solitarias, mas creativas y organizadas que las cárceles de varones. Crean un mundo para soportar las horas duras, la vida es mas habitable en la cárcel de mujeres que la de hombres.
“Todos tenemos derecho a una entrevista aunque sean diez minutos de nuestra vida”.
Los hombres que El Perro Verde entrevistó ya lo saben.

Lo define como una aventura pero en realidad son entrevistas a hombres y mujeres que se encuentran presos.
Está el hombre que mató a dos marqueses y le mandó una carta diciéndole que antes de suicidarse quería condenar a la justicia, la española por televisión.
Quintero fue al penal. Realizó la entrevista. Compartió con el preso comidas, cigarrillos y paseos por el patio de la cárcel y a la semana de ser emitida la entrevista por la TV el preso apareció ahorcado en su celda.
Viajó a la Argentina para entrevistar a Robledo Puch, acusado de doce asesinatos.
Lo entrevistó en la cárcel de Sierra Chica.
Para Jesús Quintero el muchacho al que llamaban chacal tenía en verdad un parecido a Tasio el personaje de la película “Muerte en Venecia”.
Estaba en una celda de dos por uno y medio con una Biblia entre las manos.
“Tuve la sensación de que a Robledo Pucho le metieron ocho asesinatos más de los que cometió, pero es una impresión” dice Quintero como al pasar.
Durante diez años no pudo realizar su trabajo en las cárceles hasta que el ministerio de Justicia le autorizó a recomenzar la tarea.
La primera entrevista que presentó fue la que le realizó a Liberto. Un hombre que todas las mañanas frente a la Universidad de Madrid da discursos filosóficos.
Liberto considera que fue seis veces Premio Nobel. Cuando le propuso la entrevista contestó que “se lo tenía que pensar”.
A los 20 días apareció con las preguntas y respuestas y Jesús Quintero no se animó a contradecir al hombre que portaba tantos títulos nobiliarios.
“No se trata de andar por la vida reclamando ni tampoco exigiendo, se trata de andar por la vida posibilitando...atletas de la vida defendedla” dice Liberto a los gritos.
“La democracia es un bien del alma. Estoy contra los desalmados” agrega mientras sudaba frente a las cámaras.
Al día siguiente de emitirse el programa Liberto fue sacado de la puerta de la Universidad.
Durante cuatro meses Jesús Quintero entrevistó a 140 presos en cuarenta cárceles españolas.
Escovelo, otro reo, le escribe :”Estoy en una situación muy desesperada.
He agotado todas las vías y todos los recursos y algo tan fundamental como es la esperanza.



La justicia y la institución penitenciaria me niegan absolutamente todo. No puedo soportar ya más”.
La esperanza de dar con Quintero es una última posibilidad de vida.
Escovelo fuma. Sus ojos esperan las cámaras de la TV como quien espera ver el mar, los hijos o la libertad.
“Quiero denunciarles, quiero vivir” escribe.
“El prisionero debe ser tratado sin sufrimiento alguno” dice las Naciones Unidas.
Bibliotecas, hemerotecas, directores de cárceles, fueron creando su ruta de entrevistados.
Hasta que dio con el mendigo asesino que mató a 14 personas.
Estaba en un psiquiátrico, salía, se iba a las puertas de las iglesias tomaba Roinol con coñac. Buscaba su presa y mataba.
Quintero cree que están aquellos que el destino, la mala suerte o alguien se los llevó a la cárcel.
Los hijos del agobio, del hambre y la necesidad que pueblan el 90 por ciento de las prisiones también fueron entrevistados.
Vuelve a los casos seriales.
Como el marinero vasco Ramón Lijo que quemó vivos a su amante y a un amigo de ambos.
Su ley era la antigua ley del Talión: el que la hace, la paga. Fue en el verano de 1982.
Los tenia amenazado con un cuchillo y los ató y desató en varias ocasiones.
Según Lijo sus víctimas le quemaron unos documentos y él decidió responder con la misma moneda.
Los ató a una cama, los roció con gasolina y les prendió fuego.
Momentos antes de ejecutar su crimen el combustible comenzó a picarle los ojos al hombre y el verdugo le desató una mano y le alcanzó una toalla.
“Me gusta respetar la vida y no me gustaba verlo sufrir por la picazón” dice Lijo en medio de una barba crecida.
También hace su relato Juan Azencio, el hombre que dirigía todos los prostíbulos de Almería. Acusado de traficante, de haber matado a su mujer y a un ciudadano belga con tres tiros de calibre 38 fue condenado a 20 años de cárcel.
En la entrevista con Quintero, Azencio confiesa que perdió el control y golpea su mano contra la mesa.
El preso dice que no confía en la justicia terrenal pero sí en la divina que es lo que lo mantiene fuerte. Lo dice mientras pierde su mirada en un punto fijo del espacio, lo dice como en un discurso.
Quintero dice que hay un antes y un después del libro.
El miedo comienza a instalarse en su vida.
Después de entrevistar a estrellas del deporte, el cine, presidentes, ministros, escritores, poetas,el loco de la colina o el perro verde se encontró con el mundo de la cárcel.
Entre sus preferencias se encuentra Alfredo Evangelista, nacido en el Uruguay de profesión boxeador y el Mellado que conoció las cárceles franquistas y vio como a un hombre le sacaban el corazón.
El Mellado tiene una gorriona a quien cuidar. La bautizó “putilla”.
Protagonizó motines y fugas. Vio morir a su mejor amigo en un ajuste de cuentas entre presos.
Entró analfabeto a la cárcel y dio el ingreso a la universidad. Es andaluz, de Jaen y se llama Rafael López Moreno.
Contrajo el tifus que trasmiten las ratas.
Hay muchos inocentes en las cárceles como la maestra argentina que se enamoró de un porteño que le entregó un maletín con diez kilos de cocaína.
Se cansó de entrevistar a gente que va a la televisión a vender un libro, un cuadro.
“Todos corremos el riesgo de estar en la cárcel y los que están condenados a mas de 20 años de reclusión no tienen nada que ocultar.” dice Jesús y prende un cigarrillo.
Chicos que por robar un coche le dieron 18 años y luego el proceso judicial se complica en la cárcel.
En las penitenciarias se pasa droga con mucha facilidad. Los presos hablan siempre de lo que van a hacer cuando salgan.
“Cuando entrevistaba a los verdugos me acordaba de las víctimas. Nadie sabe lo que es un día sin libertad hasta que se lo conoce” dice Quintero y hace una pausa.
El humor también circula en el ámbito carcelario.
El caso de la presa que asaltó tres estaciones de servicio y hacía un curso para trabajar en una estación de servicio.
O el caso de un chantajista que cuando estaban todos los móviles y técnicos preparados para la entrevista pidió 20 millones de pesetas y Quintero le ofreció una moto.
“Son como pequeños hoteles- dijo de las cárceles de mujeres -de no sé cuantas estrellas. Son mas solitarias, mas creativas y organizadas que las cárceles de varones. Crean un mundo para soportar las horas duras, la vida es mas habitable en la cárcel de mujeres que la de hombres.
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