El problema de los idiotas especializados
Fernando Roperto
Editorial



En Acercándonos Ediciones y nuestra cooperativa de trabajo seguimos apostando por una cultura viva y colectiva. Entre agosto y septiembre publicamos quince nuevos libros, algunos de estos son “Padre Carlos Mugica. ¿Mito o realidad?” de José María Martini, “La pluma” de Federico Taboada, “Conversaciones con Pepe Mujica” de Diego Alejandro Molinas. Participamos en las ferias del libro de Montevideo, Mendoza, y Berazategui, reafirmando nuestro compromiso con la palabra, la memoria y el pensamiento crítico. En el cierre de esta edición, y al encuentro de una reflexión compartida, nuestro compañero José Cárcamo nos acerca una nota del filósofo Marcos Buvinic, quien desde Punta Arenas, Chile, escribe y publica en La Prensa Austral un interesante artículo “El problema de los idiotas especializados”, una invitación urgente a volver a mirar lo humano frente al avance del pragmatismo y la indiferencia. Aquí el texto:

“Esto de “idiotas especializados” no suena bien y, en realidad, expresa algo que no está nada de bien. Por eso, quiero comenzar diciendo que no es mi intención ofender a nadie, sino invitar a reflexionar a partir del sentido que tiene tal expresión en la tradición ilosófica que la acuñó en el siglo XIX, en Alemania, como “fachidiot” (= idiota especializado), para indicar a los encandilados con alguna ciencia en particular y que, desde la perspectiva de esa materia científica, pretendían conocer y interpretar toda la realidad. La peligrosa presencia de los “idiotas especializados” ha sido denunciada por filósofos de cuño tan diverso como Karl Marx (en “La miseria de la filosofía”) o como José Ortega y Gasset, para quien el “idiota especializado es el que domina una materia e ignora con altanería todas las demás”.

El “idiota especializado” no comprende el conjunto de las necesidades del ser humano ni la vastedad de la cultura humana, por eso no logra empatizar con las necesidades del ser humano en el plano de la ética y el deseo de justicia, del conocimiento de sí mismo y de los demás, del crecimiento espiritual, del cultivo de las artes y admiración de la belleza, y de la construcción de una verdadera sociedad democrática. El “idiota especializado” es la manifestación de lo que señalaba Rousseau, en el siglo XVIII: “los antiguos políticos se refiere a la antigüedad griega] hablaban incesantemente de costumbres y de virtud; los nuestros sólo hablan de comercio y de dinero”.

Como usted ya se dio cuenta, vivimos ante el peligro del dominio social y político de los “idiotas especializados”, los cuales se potencian en estos tiempos electorales, en los que todo parece estar focalizado en los asuntos económicos y en los temas de seguridad, y ciertamente ambos son temas importantes y urgentes, pero no son toda la realidad. Habría que agregar que, tímidamente, se asoma otro tema que debería estar entre las prioridades, como es la caída de la natalidad y el acelerado envejecimiento del país, pero es un tema que requiere una mirada más larga que el cortoplacismo de sumar votos.

En nuestros tiempos, el imperio de la sociedad del bienestar y del consumo busca producir rápidamente y al menor costo posible los bienes que la gente desea; así se establece el dominio de la economía y de las ciencias que generan tecnologías productivas con recursos cada vez más escasos. Pero, eso es sólo un aspecto de la realidad humana; no obstante, el “idiota especializado” cree que eso define todo lo humano.

Por su parte, la esencia del hombre es crear cultura. Desde siempre, los seres humanos han creado símbolos y lenguajes, formas de vida familiar, mitologías, religiones, propuestas filosóficas; han cantado, danzado, pintado y narrado historias; han construido ciudades y han creado organizaciones políticas, sistemas éticos y códigos jurídicos, etc. Ese conjunto de actividades que, para el “idiota especializado” son casi inútiles, o son elementos decorativos o palabras al viento, son las que definen la cualidad del ser humano; son las “humanidades” que reúnen diversas ciencias humanas y sociales: la antropología, la filosofía, la pedagogía, la ciencia política, la historia, la lingüística, el derecho, la teoría de la religión o teología, la etnología, la psicología, la sociología, la literatura, las ciencias de la comunicación y las diversas artes.

En estas construcciones propiamente humanas se manifiesta, como ha dicho el filósofo italiano Noccio Ordine, “la utilidad de lo inútil”, pues son ellas las que comunican el sentido a la economía y a toda la producción tecnológica, de tal manera que si falta el sentido de lo humano impera la ley de la selva en una sociedad de la barbarie. Dice Ordine: “No es casualidad que los gobernantes, en todos los países del mundo, sin excepción, loprimero que recortan son aquellas cosas que ellos consideran inútiles y que, al revés, son las más útiles para conseguir que las sociedades sean más humanas”.

Entonces, aterrizando a los tiempos electorales que vivimos, qué deseable parece que las propuestas de todos los candidatos no pretendan ser una fórmula mágica para la solución de los problemas, sino que contengan el sentido de lo que va más allá de la egoísta búsqueda de beneficios y que acrecienta el bien común, el respeto al otro y hacia el entorno en que se desarrolla la vida, generando una renovada confianza pública. ¿Habrá algún candidato o candidata que se atreva? Ciertamente no es fácil conseguir que, desde la mirada cortoplacista del “idiota especializado”, se entiendan estas cosas tan sencillas, pero hay que seguir intentando que nuestra vida sea más humana y el país sea una casa acogedora para todos, incluidos los “idiotas especializados”.


En Acercándonos Ediciones y nuestra cooperativa de trabajo seguimos apostando por una cultura viva y colectiva. Entre agosto y septiembre publicamos quince nuevos libros, algunos de estos son “Padre Carlos Mugica. ¿Mito o realidad?” de José María Martini, “La pluma” de Federico Taboada, “Conversaciones con Pepe Mujica” de Diego Alejandro Molinas. Participamos en las ferias del libro de Montevideo, Mendoza, y Berazategui, reafirmando nuestro compromiso con la palabra, la memoria y el pensamiento crítico. En el cierre de esta edición, y al encuentro de una reflexión compartida, nuestro compañero José Cárcamo nos acerca una nota del filósofo Marcos Buvinic, quien desde Punta Arenas, Chile, escribe y publica en La Prensa Austral un interesante artículo “El problema de los idiotas especializados”, una invitación urgente a volver a mirar lo humano frente al avance del pragmatismo y la indiferencia. Aquí el texto:

“Esto de “idiotas especializados” no suena bien y, en realidad, expresa algo que no está nada de bien. Por eso, quiero comenzar diciendo que no es mi intención ofender a nadie, sino invitar a reflexionar a partir del sentido que tiene tal expresión en la tradición ilosófica que la acuñó en el siglo XIX, en Alemania, como “fachidiot” (= idiota especializado), para indicar a los encandilados con alguna ciencia en particular y que, desde la perspectiva de esa materia científica, pretendían conocer y interpretar toda la realidad. La peligrosa presencia de los “idiotas especializados” ha sido denunciada por filósofos de cuño tan diverso como Karl Marx (en “La miseria de la filosofía”) o como José Ortega y Gasset, para quien el “idiota especializado es el que domina una materia e ignora con altanería todas las demás”.

El “idiota especializado” no comprende el conjunto de las necesidades del ser humano ni la vastedad de la cultura humana, por eso no logra empatizar con las necesidades del ser humano en el plano de la ética y el deseo de justicia, del conocimiento de sí mismo y de los demás, del crecimiento espiritual, del cultivo de las artes y admiración de la belleza, y de la construcción de una verdadera sociedad democrática. El “idiota especializado” es la manifestación de lo que señalaba Rousseau, en el siglo XVIII: “los antiguos políticos se refiere a la antigüedad griega] hablaban incesantemente de costumbres y de virtud; los nuestros sólo hablan de comercio y de dinero”.

Como usted ya se dio cuenta, vivimos ante el peligro del dominio social y político de los “idiotas especializados”, los cuales se potencian en estos tiempos electorales, en los que todo parece estar focalizado en los asuntos económicos y en los temas de seguridad, y ciertamente ambos son temas importantes y urgentes, pero no son toda la realidad. Habría que agregar que, tímidamente, se asoma otro tema que debería estar entre las prioridades, como es la caída de la natalidad y el acelerado envejecimiento del país, pero es un tema que requiere una mirada más larga que el cortoplacismo de sumar votos.

En nuestros tiempos, el imperio de la sociedad del bienestar y del consumo busca producir rápidamente y al menor costo posible los bienes que la gente desea; así se establece el dominio de la economía y de las ciencias que generan tecnologías productivas con recursos cada vez más escasos. Pero, eso es sólo un aspecto de la realidad humana; no obstante, el “idiota especializado” cree que eso define todo lo humano.

Por su parte, la esencia del hombre es crear cultura. Desde siempre, los seres humanos han creado símbolos y lenguajes, formas de vida familiar, mitologías, religiones, propuestas filosóficas; han cantado, danzado, pintado y narrado historias; han construido ciudades y han creado organizaciones políticas, sistemas éticos y códigos jurídicos, etc. Ese conjunto de actividades que, para el “idiota especializado” son casi inútiles, o son elementos decorativos o palabras al viento, son las que definen la cualidad del ser humano; son las “humanidades” que reúnen diversas ciencias humanas y sociales: la antropología, la filosofía, la pedagogía, la ciencia política, la historia, la lingüística, el derecho, la teoría de la religión o teología, la etnología, la psicología, la sociología, la literatura, las ciencias de la comunicación y las diversas artes.

En estas construcciones propiamente humanas se manifiesta, como ha dicho el filósofo italiano Noccio Ordine, “la utilidad de lo inútil”, pues son ellas las que comunican el sentido a la economía y a toda la producción tecnológica, de tal manera que si falta el sentido de lo humano impera la ley de la selva en una sociedad de la barbarie. Dice Ordine: “No es casualidad que los gobernantes, en todos los países del mundo, sin excepción, loprimero que recortan son aquellas cosas que ellos consideran inútiles y que, al revés, son las más útiles para conseguir que las sociedades sean más humanas”.

Entonces, aterrizando a los tiempos electorales que vivimos, qué deseable parece que las propuestas de todos los candidatos no pretendan ser una fórmula mágica para la solución de los problemas, sino que contengan el sentido de lo que va más allá de la egoísta búsqueda de beneficios y que acrecienta el bien común, el respeto al otro y hacia el entorno en que se desarrolla la vida, generando una renovada confianza pública. ¿Habrá algún candidato o candidata que se atreva? Ciertamente no es fácil conseguir que, desde la mirada cortoplacista del “idiota especializado”, se entiendan estas cosas tan sencillas, pero hay que seguir intentando que nuestra vida sea más humana y el país sea una casa acogedora para todos, incluidos los “idiotas especializados”.


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