


|
Nos encontramos con Camila Jardel, actriz mendocina que ha incursionado en el mundo del teatro, cine y la publicidad.
Con premios a “Mejor actriz protagónica” por El Río Posible en el XXIV° Festival de Estrenos de Mendoza (2023), “Mejor Interprete Femenina” Premios Hugo Federal al Teatro Musical 2019 y Premio Escenario a “Mejor obra infantil” por “Los Cantatutti, un encanto de familia” en 2013, la joven y talentosa artista accedió a la beca de formación que Acercándonos Cultura promovió en Argentina junto a TV BRICS, el Instituto Ruso de Arte Teatral (GITIS) y la Fundación de Diplomacia Pública Gorchakov.
De vuelta de su experiencia formativa brindó una entrevista para nuestra revista. — Camila, fuiste premiada con la beca de formación profesional para estudiantes de cursos superiores de escuelas de teatro organizada por La red internacional TV BRICS, el Instituto Ruso de Arte Teatral (GITIS) y la Fundación de Diplomacia Pública Gorchakov, ¿cómo fue tu experiencia allí? — Mi experiencia en Rusia durante el mes y medio que duró no fue un simple viaje, fue una vivencia a nivel artístico y humano que se grabó a fuego lento en mi corazón y así quedará impresa en mí por el resto de mis días. Llegué a Moscú el 23 de agosto y me fui el 4 de octubre (el día de mi cumpleaños) completamente atravesada y, hasta me animo a decir que, distinta en varios aspectos. Fueron 6 semanas intensas, plagadas no solo de aprendizaje a nivel académico, profesional y cultural, sino también de profundas experiencias humanas con quienes arrancaron siendo mis compañeros y colegas y hoy día puedo llamar mis amigos. — ¿Cómo llegaste a conocer la propuesta? — Todo inició cuando tuve la fortuna de enterarme sobre este completísimo programa gracias a Daniel Fermani, escritor y que también participa activamente de Acercándonos Ediciones, y Pinty Saba, quienes fueron mis profesores durante mi carrera de formación como actriz, y son grandes amigos y referentes en mi camino hasta el día de hoy. Venía hacía meses buscando una experiencia así. Llegué a aplicar muy sobre la hora, el día del cierre de la convocatoria. Algo me decía que estaba tomando un riesgo. Fueron un par de semanas con videollamadas de por medio y muchos nervios e incertidumbre, hasta que se me dio. Cuando nos informaron de que eramos parte del grupo de los 12 seleccionados para el programa la euforia atacó mi cuerpo. Rusia, enorme masa continental, cultura muy distinta a la nuestra la latinoamericana; la curiosidad empezaba a aflorar y crecer. — Me gustaría que nos cuentes un poco tu percepción del pueblo ruso y la vida en esa hermana nación. — Moscú es una ciudad interesantísima para conocer e ir a hacer turismo, cargada de historia por donde la mires. La convivencia de lo viejo y lo nuevo. Muy marcada por el orden y la seguridad (no solo por la presencia evidente de las fuerzas policiales y el monitoreo sino porque, además, solo en Moscú viven alrededor de 29 millones de personas). Quedé maravillada por el sistema de metro, hay un mundo subterráneo por debajo de Moscú que funciona a la perfección y encima posee estaciones plagadas de cultura y arte soviético. La arquitectura es grande, vasta pero bastante fría, y creo que es un reflejo del pueblo que la hizo y la habita. Hay algo del concepto de “calidez” humana, que tan importante es para el latinoamericano, que para ellos no existe (así como sí existe el de la generosidad, que es una forma muy común que tienen de expresar afecto). Y tiene sentido esa falta de calidez. Es una región muy atravesada por las estaciones, sus duros inviernos, e incluso los conflictos políticos y guerras que han atravesado a lo largo de la historia. Sin ir mas lejos, la que están atravesando actualmente (tema del que poco y nada se hablaba y si se llegaba a mencionar era como un tema más de la agenda). Teniendo todo esto en consideración entra en juego el rol de la cultura, su influencia y el interés genuino que genera en ellos como sociedad. Era casi como si diera la sensación de que necesitan del arte y las manifestaciones culturales para expresar y fugar todo eso que en el día a día no se “permiten”. Necesitan del mismo para abrir, generar apertura. El ruso promedio es bastante estrecho de mente. En general no están acostumbrados a “lo diferente” (a nosotros nos miraban en el metro constantemente, te sostienen la mirada sin importar si te hacen sentir incómodo). Además, son un país tan grande, tan auto abastecido, que para ellos es casi inusual salir del país para hacer turismo. Podría decirse que se nota que están acostumbrados a verse mucho entre ellos mismos. Con suerte hablan algo de inglés, más que nada la población más joven o instruida. Algo muy destacable que tienen es que lo moderno o tecnológico no invade ni perturba a quien está del otro lado. Además, logran integrar sus figuras y acontecimientos históricos y volverlos parte de la cultura, no te lo venden como “entretenimiento o show”. Y de algún modo logran integrarlo a uno también, al estar espectando la inmensidad del Teatro Bolshoi, la historia del Teatro Arte de Moscú o una pintura dentro de la Galería Tretyakov. Uno se queda ahí, prendido, ante tanta expresión e inmensidad, sentís que estás presenciando algo enorme (no solo en sentido literal), algo que forma parte de la Historia. Tengo que admitir de todos modos, que la mayor parte de lo que experimenté allá en términos de idiosincrasia, me hizo poner mucho en valor a mi país, su gente, sus tratos e incluso la “locura” que a veces nos caracteriza. Si bien es una combinación de factores, pero a la larga, a los lugares los hacen las personas que los habitan. Y que no se malinterprete, me crucé con un montón de personas muy bonitas, amables y generosas, pero nunca me sentí como “en mi casa”, lógicamente, esa sensación se encargaron de lograrla mis adorados compañeros de viaje. Estoy completamente convencida de que la experiencia la determinaron ellos, 11 personas que venían de lugares ampliamente distintos entre sí. Brasil, Cuba, India, Túnez, Mauritania, Sudáfrica, India y China. ![]() — ¿Cuáles eran las chances de que un grupo tan heterogéneo se volviera tan unido en el lapso de 6 semanas?
— Creo que nuestra pasión compartida es el principal indicio sobre cómo se dio todo. Nuestro oficio estar muy atravesado de cierta necesidad de simplemente estar con otro, escucharlo, absorberlo, casi querer volverme el/ella. Y a nosotros no nos interesaba competir, sino compartir, queríamos estar juntos. El sentido de comunidad no tardó mucho en formarse, fuimos como una especie de familia esas 6 semanas de intensa convivencia. Clases de 11 a 18.30 de la tarde de lunes a viernes, luego de vuelta al hotel, juntarnos a cenar, debatir, intercambiar ideas y apuntes, leer textos, ensayar escenas, más luego las excursiones turísticas del fin de semana. Adrenalina constante, pura expansión y descubrimiento. Descansábamos poco pero no nos importaba, estábamos ahí y creo que fuimos muy conscientes del milagro que eso significó, que no iba a volver a repetirse nunca del modo que estaba sucediendo. — ¿Cómo crees que aplicarán esos conocimientos adquiridos en tu realidad como actriz en Argentina? — Respecto a la parte académica fue toda una experiencia. Uno va a Rusia con la idea o prejuicio de exigencia que uno tanto escucha que los caracteriza, y no quiere decir que no sea así; pero en general nos topamos con profesores de una calidad humana tan reconfortante que se sintió como un regalo. Tuvimos clases desde Biomecánica, Combate Escénico, Técnica Vocal hasta El Método (con la variedad pero claridad de visiones que poseen los profesores allá). Se sentía de algún modo que estábamos absorbiendo “de la fuente” y eso es invaluable. Pude aclarar y desmitificar varias cosas que me generaban dudas durante mi formación como estudiante. Aunque debo admitir que este fue otro momento para poner en valor de dónde vengo, mi cultura artística y los maestros que me formaron. Nunca sentí que de lo que me lo que me estaban hablando me tomaba completamente desprevenida o por sorpresa, y eso se lo debo a mi formación, a quienes la acompañaron y potenciaron, y por supuesto a mis constantes ganas de estudiar y afianzarme en este maravilloso y por momentos turbulento camino que es el del artista. De todos modos, eso no quiere decir que no haya traído conmigo un montón de información, reflexiones y aprendizajes de mi estadía en GITIS. Pero uno de los mas valiosos es el de hacer desde la valentía, el coraje y la osadía. Es parte de la naturaleza del actor, además de la curiosidad, y hay una palabra en ruso que representa todas estas cosas juntas: “smelost". Y creo que toda esta experiencia fue eso, dar sin guardarnos nada, en lo artístico, en lo profesional y en lo humano. Esta experiencia me cambió en muchos aspectos, pero definitivamente me convirtió no solo en una actriz más valiente y arrojada, sino también en una persona con menos miedos. Y eso es algo por lo que voy a estar eternamente agradecida. |
Últimos Libros editados
|
![]() |
11 6011-0453 |
![]() |
11 6011-0453 |