¿Quién decide quién vive y quién muere en la Franja de Gaza?
Fernando Roperto
Editorial



“Toda Gaza y cada niño en Gaza deben morir de hambre. Solo una estúpida quinta columna, un odiador de Israel, tiene piedad de los futuros terroristas aunque hoy todavía sean jóvenes”

Ronen Shaulov, rabino israelí


¿Quién decide cómo vivimos, o quién puede morir o sufrir?. ¿Quién tiene el control sobre la vida y la muerte? Especialmente cuando se ejerce violencia y opresión. Pensemos en un Estado que tiene tanto poder que puede manejar a la población como si fueran fichas en un juego de ajedrez: mueve algunas, protege otras, y deja al sacrificio a las demás.

¿Quiénes manipulan esas decisiones que permiten que ciertos grupos queden expuestos a la muerte o condiciones extremas, mientras otros están protegidos?

Si trasladamos esta idea al genocidio en puerta de Israel en Gaza, el panorama se vuelve más claro y a la vez más preocupante. Israel es un Estado colonial con un ejército muy poderoso y un sistema político fuerte, mientras que Gaza es una franja pequeña, con una gran densidad de población palestina. A lo largo de los años, Israel ha impuesto bloqueos que restringen el ingreso de alimentos, medicinas y recursos esenciales a Gaza, y ha realizado bombardeos que causan numerosas muertes, mayormente civiles. Al controlar el acceso a servicios básicos y usar la fuerza militar en una zona tan reducida, el Estado israelí está ejerciendo un poder que determina quién tiene posibilidades reales de sobrevivir y quién queda en una situación de riesgo constante. Los habitantes de Gaza viven en un espacio donde el Estado de Israel controla, directa o indirectamente, las condiciones para la vida, pero también para la muerte. Por ejemplo, cuando un bloqueo impide el paso de medicinas para enfermos crónicos o de equipos médicos para hospitales, no solo se limita la vida, sino que se pone en juego la supervivencia misma de esas personas. O cuando un bombardeo destruye viviendas y mata civiles, la muerte se convierte en una herramienta de control político y militar. Además, estas acciones dirigidas con precisión se alimentan de la deshumanización. En discursos políticos y mediáticos, algunas veces se presenta a la población de Gaza como “enemigos” o “amenazas”, lo que facilita justificar el sufrimiento que padecen. Ver al otro como menos humano abre la puerta para que la violencia y la muerte sean aceptadas como algo “normal” o “necesario”.

No es solo quién gana una batalla, sino quién puede vivir en paz y quién queda expuesto a la muerte o la miseria. Invitamos a pensar en las responsabilidades éticas que tienen los actores involucrados, y en la importancia de exigir respeto por los derechos humanos, incluso en medio de conflictos. Porque cuando el poder decide quién vive y quién muere, la humanidad está en juego.

Al cierre de esta edición hay 61.258 palestinos muertos, más del 80% son mujeres, ancianos y niños. Se cree que hay otras decenas de miles de cadáveres debajo de los escombros. Israel se ha convertido en una vergüenza para la humanidad. Desde esta publicación levantamos la voz para que las bombas y las violaciones a los derechos humanos finalicen.

Cadáveres anónimos.
Ningún olvido los reúne,
Ningún recuerdo los separa...
Olvidados en la hierba invernal
Sobre la vía pública,
Entre dos largos relatos de bravura
Y sufrimiento.
“¡Yo soy la víctima!”. “¡No, yo soy
la única víctima!”. Ellos no replicaron:
“Una víctima no mata a otra.
Y en esta historia hay un asesino
Y una víctima”. Eran niños,
Recogían la nieve de los cipreses de Cristo
Y jugaban con los ángeles porque tenían
La misma edad... huían de la escuela
Para escapar de las matemáticas
Y la antigua poesía heroica. En las barreras,
Jugaban con los soldados
Al juego inocente de la muerte.
No les decían: dejad los fusiles
Y abrid las rutas para que la mariposa encuentre
A su madre cerca de la mañana,
Para que volemos con la mariposa
Fuera de los sueños, porque los sueños son estrechos
Para nuestras puertas. Eran niños,
Jugaban e inventaban un cuento para la rosa roja
Bajo la nieve, detrás de dos largos relatos
De bravura y sufrimiento.
Luego escapaban con los ángeles pequeños
Hacia un cielo límpido.

“Homenaje a las víctimas de Gaza”, Mahmud Darwish, del poemario: La ta´tadhir ´ammâ fa´alta (No pidas perdón) (2004)


“Toda Gaza y cada niño en Gaza deben morir de hambre. Solo una estúpida quinta columna, un odiador de Israel, tiene piedad de los futuros terroristas aunque hoy todavía sean jóvenes”

Ronen Shaulov, rabino israelí


¿Quién decide cómo vivimos, o quién puede morir o sufrir?. ¿Quién tiene el control sobre la vida y la muerte? Especialmente cuando se ejerce violencia y opresión. Pensemos en un Estado que tiene tanto poder que puede manejar a la población como si fueran fichas en un juego de ajedrez: mueve algunas, protege otras, y deja al sacrificio a las demás.

¿Quiénes manipulan esas decisiones que permiten que ciertos grupos queden expuestos a la muerte o condiciones extremas, mientras otros están protegidos?

Si trasladamos esta idea al genocidio en puerta de Israel en Gaza, el panorama se vuelve más claro y a la vez más preocupante. Israel es un Estado colonial con un ejército muy poderoso y un sistema político fuerte, mientras que Gaza es una franja pequeña, con una gran densidad de población palestina. A lo largo de los años, Israel ha impuesto bloqueos que restringen el ingreso de alimentos, medicinas y recursos esenciales a Gaza, y ha realizado bombardeos que causan numerosas muertes, mayormente civiles. Al controlar el acceso a servicios básicos y usar la fuerza militar en una zona tan reducida, el Estado israelí está ejerciendo un poder que determina quién tiene posibilidades reales de sobrevivir y quién queda en una situación de riesgo constante. Los habitantes de Gaza viven en un espacio donde el Estado de Israel controla, directa o indirectamente, las condiciones para la vida, pero también para la muerte. Por ejemplo, cuando un bloqueo impide el paso de medicinas para enfermos crónicos o de equipos médicos para hospitales, no solo se limita la vida, sino que se pone en juego la supervivencia misma de esas personas. O cuando un bombardeo destruye viviendas y mata civiles, la muerte se convierte en una herramienta de control político y militar. Además, estas acciones dirigidas con precisión se alimentan de la deshumanización. En discursos políticos y mediáticos, algunas veces se presenta a la población de Gaza como “enemigos” o “amenazas”, lo que facilita justificar el sufrimiento que padecen. Ver al otro como menos humano abre la puerta para que la violencia y la muerte sean aceptadas como algo “normal” o “necesario”.

No es solo quién gana una batalla, sino quién puede vivir en paz y quién queda expuesto a la muerte o la miseria. Invitamos a pensar en las responsabilidades éticas que tienen los actores involucrados, y en la importancia de exigir respeto por los derechos humanos, incluso en medio de conflictos. Porque cuando el poder decide quién vive y quién muere, la humanidad está en juego.

Al cierre de esta edición hay 61.258 palestinos muertos, más del 80% son mujeres, ancianos y niños. Se cree que hay otras decenas de miles de cadáveres debajo de los escombros. Israel se ha convertido en una vergüenza para la humanidad. Desde esta publicación levantamos la voz para que las bombas y las violaciones a los derechos humanos finalicen.

Cadáveres anónimos.
Ningún olvido los reúne,
Ningún recuerdo los separa...
Olvidados en la hierba invernal
Sobre la vía pública,
Entre dos largos relatos de bravura
Y sufrimiento.
“¡Yo soy la víctima!”. “¡No, yo soy
la única víctima!”. Ellos no replicaron:
“Una víctima no mata a otra.
Y en esta historia hay un asesino
Y una víctima”. Eran niños,
Recogían la nieve de los cipreses de Cristo
Y jugaban con los ángeles porque tenían
La misma edad... huían de la escuela
Para escapar de las matemáticas
Y la antigua poesía heroica. En las barreras,
Jugaban con los soldados
Al juego inocente de la muerte.
No les decían: dejad los fusiles
Y abrid las rutas para que la mariposa encuentre
A su madre cerca de la mañana,
Para que volemos con la mariposa
Fuera de los sueños, porque los sueños son estrechos
Para nuestras puertas. Eran niños,
Jugaban e inventaban un cuento para la rosa roja
Bajo la nieve, detrás de dos largos relatos
De bravura y sufrimiento.
Luego escapaban con los ángeles pequeños
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“Homenaje a las víctimas de Gaza”, Mahmud Darwish, del poemario: La ta´tadhir ´ammâ fa´alta (No pidas perdón) (2004)


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