¿Es esto la macro en orden?
Hugo A. Castro
La visión libertaria y un mito múltiples veces repetido



Desde el oficialismo repiten reiteradamente que “la macro está en orden”. En la introducción de macroeconomía, los manuales detallan las esferas de la producción y la circulación. Estos ultraliberales solo miran la circulación, al mercado financiero, si el Estado y el Banco Central emiten.

Para ellos pusieron la macro en orden, “controlaron” la inflación, aunque solo ha descendido de los estratosféricos niveles que alcanzó tras la innecesaria mega devaluación inicial, del 118% de diciembre 2023. Cabe recordar que en la mayoría de los años del kirchnerismo la inflación era del orden del 25% anual (1), no el dibujo estadístico del gobierno.

Los medios de formación de opinión (no vale llamarlos periodísticos) nos desinforman, repiten al hartazgo que “la macro está en orden”, y que el déficit fiscal es el centro de la macro. Como si fuera poco, el tan mentado superávit fiscal no se ha alcanzado bajando gastos, sino solo no pagándolos.

Los defensores de la política económica de Milei sostienen que el gobierno “ordenó la macro”, porque liberalizó precios y a la par pudo disminuir el ritmo inflacionario. Estos logros se basaron en la contención de 2 precios centrales para nuestro sistema económico: los salarios y el tipo de cambio.

Esto, conjuntamente con la liberación de otros precios, particularmente de los servicios públicos, ha producido una profunda variación de los precios relativos, una redistribución regresiva del ingreso, ampliamente desfavorable para los asalariados.

La macro que se estudia en la facultad analiza “los grandes agregados económicos”, y se refiere básicamente a la oferta y demanda de bienes y servicios, producción, consumo e inversión pública y privada, ocupación, junto a demanda de bienes y servicios del exterior, las exportaciones y las importaciones.

El enfoque de Keynes, al que Milei aborrece, concluye destacando la necesidad de un estado que ordene la actividad económica, y que no es conveniente dejarla en manos de los grandes empresarios (¿qué es acaso el libre mercado?). Desde esa perspectiva estamos muy lejos de una situación ordenada.

Veremos varios indicadores de producción y consumo de bienes y servicios, y particularmente el talón de Aquiles de la economía argentina: el balance externo; donde se está muy lejos de una situación de estabilidad y bienestar social.


El déficit fiscal

En el afán ajustador el gasto público nacional, a mayo 2025, fue reducido en un 5,5% del Producto Interno Bruto (PIB), de 22,5% se redujo al 17%. Básicamente se discontinuaron la inversión pública y las políticas de cuidado, afectando directamente a casi 3 millones de personas, según estimó el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

Mide el superávit según el principio contable del percibido (cobrado o pagado) y no del devengado (gastado) La nueva deuda capitaliza los intereses, no los paga, y se esconden estos gastos, incrementando ficticiamente el superávit.

Desde que a principios de los 90 el Estado nacional concentró al conjunto de las jubilaciones (cajas privadas y muchas provinciales), lo previsional fue el principal gasto del estado nacional. La política financiera mencionada elevó tanto los servicios de la deuda, que hoy es la principal erogación del Estado nacional.

La visión libertaria también sostiene el mito que el déficit fiscal es causa de todos los problemas económicos, así su eliminación los solucionará. Suponen que la causa de la inflación es estrictamente monetaria, con lo que al eliminar el déficit fiscal y el del Banco Central de la República Argentina (BCRA), desaparece la necesidad de emisión, y en consecuencia la inflación.

Nuestro país padece altos índices inflacionarios desde hace décadas, y sobre el tema inflacionario se han escrito bibliotecas. La gran mayoría del pensamiento económico ha confluido en que el fenómeno es multicausal, además de la emisión inciden: la estabilidad cambiaria, la concentración monopólica de mercados y la puja distributiva son las principales causas.

La moderación de la inflación es producto de haber pisado los aumentos del dólar y de los salarios. La defensa de un tipo de cambio sobrevaluado no es un capricho; una devaluación se trasladaría casi automáticamente a la inflación, impactando en el único logro del gobierno.


Dinero y crédito

Una de las claves del programa de Milei fue la exótica política monetaria: transfirió la deuda del BCRA, al Tesoro Nacional, lo que aumentó la deuda pública en U$S 43.366 millones de dólares, según el propio Ministerio de Economía.

Mantener una elevada tasa de interés permitía continuar postergando cancelaciones de esta deuda. Además, una alta tasa en pesos con el dólar planchado atraía capital especulativo trasnacional (carry trade), obteniendo a la par financiamiento para fugar divisas.

La estrategia era llegar a las elecciones con el tipo de cambio bajo control y la inflación en descenso. En junio el banco JP Morgan afirmó que el tipo de cambio no es sustentable y recomendó a los clientes que retiren los fondos de argentina. Las inversiones del carry trade se están desarmando, y presionan por la devaluación.

Intentando sostener el dólar planchado se estima que el Banco Central vendió dólares futuros por U$S 3.000 millones en 3 meses, en un esfuerzo mayúsculo para intentar no devaluar antes de las elecciones. También elevó la tasa de interés a un 64% anual (con una inflación del 25%).

En julio el dólar subió un 14%, quedando cada vez más cerca de la banda superior, y ha puesto en jaque a la política oficial. El traslado a precios (pass through) empezará el próximo lunes 4 de agosto; los diez gigantes del consumo masivo ya han hecho circular listas de precios con aumentos de entre 3% y hasta 9%. La teoría antinflacionaria libertarada demuestra estar lejos de la realidad.


Balance externo

La demanda de dólares supera ampliamente a su generación. Esa es una causa estructural para el endeudamiento externo nacional: se pide deuda para que los grandes empresarios fuguen y la clase media tenga vacaciones en el exterior (Brasil, Miami o Europa). La fuga de capitales ya absorbió el 44% del primer desembolso del FMI).

Claramente el modelo no es sostenible, Milei soñó (y hasta lo afirmó) que la inversión externa, iba a cubrir el déficit comercial, por eso el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), pero se requiere total desregulación cambiaria. La actual solo alcanza a las personas físicas. Amcham, (la Cámara de las empresas estadounidenses) exige devaluación: si quieren inversiones genuinas, se debe poder girar libremente: (dividendos, regalías y pago de deudas).

Se estima que el campo atesora unos U$S 12 mil millones de dólares en soja. Luego de unos días de casi nulas liquidaciones de exportaciones. Milei “decidió” una reducción en las retenciones apostando a que liquiden. Probablemente continúen esperando la devaluación.

El panorama se completa con reservas internacionales negativas (el BCRA debe más dólares de los que tiene), y vencimientos de la deuda, que deben medirse en decenas de miles de millones de dólares. Esto ya lo vivimos, y termina en una brusca corrección cambiaria.

Cada vez que el control cambiario parece por estallar, aparecen nuevos préstamos, ahora el tramo de U$S 2000 millones del FMI más otros U$S 1200 del BID. Caputo afirmó que completará la necesidad de divisas con privatizaciones. Ya se inició la del Belgrano Cargas, y se anunciaron las de AYSA y de ENARSA. Tal vez pueden patear un estallido cambiario, pero solo es postergarlo.


A modo de conclusión

Pese a lo que declaran, no entienden cómo funciona el mundo:

• Ni actividad económica ni el consumo interno reactivan, solo hubo un “rebote del gato muerto”: la contracción del 7,2% de 2024 supera al 6,1 % de recuperación de 2025.

• El supuesto superávit fiscal es ficticio, pura “contabilidad creativa”.

• La eliminación de la emisión no ha detenido la inflación.

• Ante el movimiento del tipo de cambio hay un automático traslado a precios, lo que invalida el centro de la explicación libertaria de la inflación, e impacta en la linea de flotación del programa.

• El BCRA hizo enormes ventas de dólares a futuro y aumentó la tasa de interés a casi el triple de la inflación, y ni así pudo controlar la fuga.

• El comportamiento de nuestra clase dominante implica un déficit estructural de divisas: lo que pretenden fugar supera la generación de divisas.

La actual política cambiaria no es sostenible. Al igual que las anteriores experiencias este plan nos dejará como herencia, una desindustrialización, una sociedad más desigual y un severo incremento en el endeudamiento público externo.

Y al igual también finalizará con un shock devaluatorio por su incapacidad de reconocer la escasez de divisas internacionales. A mayor insistencia mayor será la corrección cambiaria final.

---
1- Considerando el deflactor del producto, no el dibujo de Moreno.


Desde el oficialismo repiten reiteradamente que “la macro está en orden”. En la introducción de macroeconomía, los manuales detallan las esferas de la producción y la circulación. Estos ultraliberales solo miran la circulación, al mercado financiero, si el Estado y el Banco Central emiten.

Para ellos pusieron la macro en orden, “controlaron” la inflación, aunque solo ha descendido de los estratosféricos niveles que alcanzó tras la innecesaria mega devaluación inicial, del 118% de diciembre 2023. Cabe recordar que en la mayoría de los años del kirchnerismo la inflación era del orden del 25% anual (1), no el dibujo estadístico del gobierno.

Los medios de formación de opinión (no vale llamarlos periodísticos) nos desinforman, repiten al hartazgo que “la macro está en orden”, y que el déficit fiscal es el centro de la macro. Como si fuera poco, el tan mentado superávit fiscal no se ha alcanzado bajando gastos, sino solo no pagándolos.

Los defensores de la política económica de Milei sostienen que el gobierno “ordenó la macro”, porque liberalizó precios y a la par pudo disminuir el ritmo inflacionario. Estos logros se basaron en la contención de 2 precios centrales para nuestro sistema económico: los salarios y el tipo de cambio.

Esto, conjuntamente con la liberación de otros precios, particularmente de los servicios públicos, ha producido una profunda variación de los precios relativos, una redistribución regresiva del ingreso, ampliamente desfavorable para los asalariados.

La macro que se estudia en la facultad analiza “los grandes agregados económicos”, y se refiere básicamente a la oferta y demanda de bienes y servicios, producción, consumo e inversión pública y privada, ocupación, junto a demanda de bienes y servicios del exterior, las exportaciones y las importaciones.

El enfoque de Keynes, al que Milei aborrece, concluye destacando la necesidad de un estado que ordene la actividad económica, y que no es conveniente dejarla en manos de los grandes empresarios (¿qué es acaso el libre mercado?). Desde esa perspectiva estamos muy lejos de una situación ordenada.

Veremos varios indicadores de producción y consumo de bienes y servicios, y particularmente el talón de Aquiles de la economía argentina: el balance externo; donde se está muy lejos de una situación de estabilidad y bienestar social.


El déficit fiscal

En el afán ajustador el gasto público nacional, a mayo 2025, fue reducido en un 5,5% del Producto Interno Bruto (PIB), de 22,5% se redujo al 17%. Básicamente se discontinuaron la inversión pública y las políticas de cuidado, afectando directamente a casi 3 millones de personas, según estimó el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

Mide el superávit según el principio contable del percibido (cobrado o pagado) y no del devengado (gastado) La nueva deuda capitaliza los intereses, no los paga, y se esconden estos gastos, incrementando ficticiamente el superávit.

Desde que a principios de los 90 el Estado nacional concentró al conjunto de las jubilaciones (cajas privadas y muchas provinciales), lo previsional fue el principal gasto del estado nacional. La política financiera mencionada elevó tanto los servicios de la deuda, que hoy es la principal erogación del Estado nacional.

La visión libertaria también sostiene el mito que el déficit fiscal es causa de todos los problemas económicos, así su eliminación los solucionará. Suponen que la causa de la inflación es estrictamente monetaria, con lo que al eliminar el déficit fiscal y el del Banco Central de la República Argentina (BCRA), desaparece la necesidad de emisión, y en consecuencia la inflación.

Nuestro país padece altos índices inflacionarios desde hace décadas, y sobre el tema inflacionario se han escrito bibliotecas. La gran mayoría del pensamiento económico ha confluido en que el fenómeno es multicausal, además de la emisión inciden: la estabilidad cambiaria, la concentración monopólica de mercados y la puja distributiva son las principales causas.

La moderación de la inflación es producto de haber pisado los aumentos del dólar y de los salarios. La defensa de un tipo de cambio sobrevaluado no es un capricho; una devaluación se trasladaría casi automáticamente a la inflación, impactando en el único logro del gobierno.


Dinero y crédito

Una de las claves del programa de Milei fue la exótica política monetaria: transfirió la deuda del BCRA, al Tesoro Nacional, lo que aumentó la deuda pública en U$S 43.366 millones de dólares, según el propio Ministerio de Economía.

Mantener una elevada tasa de interés permitía continuar postergando cancelaciones de esta deuda. Además, una alta tasa en pesos con el dólar planchado atraía capital especulativo trasnacional (carry trade), obteniendo a la par financiamiento para fugar divisas.

La estrategia era llegar a las elecciones con el tipo de cambio bajo control y la inflación en descenso. En junio el banco JP Morgan afirmó que el tipo de cambio no es sustentable y recomendó a los clientes que retiren los fondos de argentina. Las inversiones del carry trade se están desarmando, y presionan por la devaluación.

Intentando sostener el dólar planchado se estima que el Banco Central vendió dólares futuros por U$S 3.000 millones en 3 meses, en un esfuerzo mayúsculo para intentar no devaluar antes de las elecciones. También elevó la tasa de interés a un 64% anual (con una inflación del 25%).

En julio el dólar subió un 14%, quedando cada vez más cerca de la banda superior, y ha puesto en jaque a la política oficial. El traslado a precios (pass through) empezará el próximo lunes 4 de agosto; los diez gigantes del consumo masivo ya han hecho circular listas de precios con aumentos de entre 3% y hasta 9%. La teoría antinflacionaria libertarada demuestra estar lejos de la realidad.


Balance externo

La demanda de dólares supera ampliamente a su generación. Esa es una causa estructural para el endeudamiento externo nacional: se pide deuda para que los grandes empresarios fuguen y la clase media tenga vacaciones en el exterior (Brasil, Miami o Europa). La fuga de capitales ya absorbió el 44% del primer desembolso del FMI).

Claramente el modelo no es sostenible, Milei soñó (y hasta lo afirmó) que la inversión externa, iba a cubrir el déficit comercial, por eso el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), pero se requiere total desregulación cambiaria. La actual solo alcanza a las personas físicas. Amcham, (la Cámara de las empresas estadounidenses) exige devaluación: si quieren inversiones genuinas, se debe poder girar libremente: (dividendos, regalías y pago de deudas).

Se estima que el campo atesora unos U$S 12 mil millones de dólares en soja. Luego de unos días de casi nulas liquidaciones de exportaciones. Milei “decidió” una reducción en las retenciones apostando a que liquiden. Probablemente continúen esperando la devaluación.

El panorama se completa con reservas internacionales negativas (el BCRA debe más dólares de los que tiene), y vencimientos de la deuda, que deben medirse en decenas de miles de millones de dólares. Esto ya lo vivimos, y termina en una brusca corrección cambiaria.

Cada vez que el control cambiario parece por estallar, aparecen nuevos préstamos, ahora el tramo de U$S 2000 millones del FMI más otros U$S 1200 del BID. Caputo afirmó que completará la necesidad de divisas con privatizaciones. Ya se inició la del Belgrano Cargas, y se anunciaron las de AYSA y de ENARSA. Tal vez pueden patear un estallido cambiario, pero solo es postergarlo.


A modo de conclusión

Pese a lo que declaran, no entienden cómo funciona el mundo:

• Ni actividad económica ni el consumo interno reactivan, solo hubo un “rebote del gato muerto”: la contracción del 7,2% de 2024 supera al 6,1 % de recuperación de 2025.

• El supuesto superávit fiscal es ficticio, pura “contabilidad creativa”.

• La eliminación de la emisión no ha detenido la inflación.

• Ante el movimiento del tipo de cambio hay un automático traslado a precios, lo que invalida el centro de la explicación libertaria de la inflación, e impacta en la linea de flotación del programa.

• El BCRA hizo enormes ventas de dólares a futuro y aumentó la tasa de interés a casi el triple de la inflación, y ni así pudo controlar la fuga.

• El comportamiento de nuestra clase dominante implica un déficit estructural de divisas: lo que pretenden fugar supera la generación de divisas.

La actual política cambiaria no es sostenible. Al igual que las anteriores experiencias este plan nos dejará como herencia, una desindustrialización, una sociedad más desigual y un severo incremento en el endeudamiento público externo.

Y al igual también finalizará con un shock devaluatorio por su incapacidad de reconocer la escasez de divisas internacionales. A mayor insistencia mayor será la corrección cambiaria final.

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1- Considerando el deflactor del producto, no el dibujo de Moreno.


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