Conforme las nuevas tecnologías avanzan, los bienes culturales tienden a ocupar el lugar que se merecen. La cultura y el conocimiento libre ya es un hecho, por más que los monstruos de la industria se empeñen en conservar un modelo de negocio caduco.
A mediados de los ochenta, la grabadora de casettes, que puso los pelos de punta a las grandes discográficas, fue el embrión de lo que hoy ya no se puede controlar con el surgimiento de varios métodos de compartir y distribuir música. En su momento también la fotocopiadora fue objeto de críticas porque consideraban que se violaba el derecho a la propiedad intelectual.

Antes de la invención de la imprenta los libros se copiaban a mano, lo que restringía su lectura a unos pocos. En aquel momento también hubo quienes se opusieron a la democratización del saber. En un principio los libros que se imprimían eran biblias con el objetivo de evangelizar, pero con el paso del tiempo, revolución francesa y alfabetización mediante, lo único que restringiría el acceso al conocimiento serian las posibilidades de hacerse con el dispositivo físico.

En la actualidad los dispositivos son ceros y unos. Los bienes culturales ya no se pueden palpar. Cuando algo es inapropiable no se puede censurar. Allí se esconde la verdad de estas leyes (la ley Sinde en España, la ley SOPA en USA) que bajo la bandera de proteger al creador buscan oprimir al receptor.

Otro de los argumentos que utilizan las editoriales, discográficas y productoras es la protección de los trabajadores que intervienen en la elaboración de los bienes culturales. Por ejemplo para producir un disco hacen falta ingenieros de sonido, arregladores, sesionistas, diseñadores, etc.  Pero como es sabido, históricamente nunca fue un motivador de la empresa capitalista el mejoramiento de la calidad de vida de sus trabajadores, sino el uso de éstos para el fin mercantil.

En la actualidad existen modelos de negocio alternativo que no se rigen por las reglas del mercado. Y todo gracias a las potencialidades de Internet. En materia editorial por ejemplo quienes escriben las revistas Orsai y Panenka se hartaron de las restricciones que implica trabajar en grandes multimedios para escribir por su cuenta.

Poder, saber y verdad.

Yo leí "Las Venas Abiertas de America Latina" en formato PDF, sin soporte físico. En Argentina en la década del '70 con esos libros hacían papel higiénico. Pero era algo que podían controlar, algo físico, palpable. Imagínense una dictadura hoy con la velocidad y la fluidez con que la información circula y con la imposibilidad de controlar los dispositivos. En 2005 en Londres, un terrorista hizo explotar un autobus dejando 56 muertos y cientos de heridos. Mientras la información oficial decía una cosa, decenas de personas publicaban fotos obtenidas desde sus teléfonos celulares. El imperio le dio las armas al pueblo para contar su verdad.

En materia cultural, las tecnologías destruyen el concepto de propiedad privada y democratizan el acceso al saber y al entretenimiento, por más que inventen leyes que son inaplicables y persigan a los usuarios.

Pablo Muñoz